jueves, 3 de agosto de 2017

Un pequeño lápiz y yo. Verificación de lectura


UN PEQUEÑO LAPIZ Y YO
Verificación de lectura

1.    ¿A quién puedes identificar como narrador(a) del cuento Un pequeño lápiz y yo?
a)    Abel Montes de Oca
b)    Una niña escolar
c)    Kimiki
d)    La hija de Felimón
2.    ¿Dónde encontró la niña narradora al pequeño lápiz?
a)    En el recogedor de basura.
b)    En la mesa de trabajo de Felimón.
c)    En una cuneta cerca a la escuela.
d)    En una banca del parque.
3.    En el texto no se hace mención de un dato histórico sobre la invención del lápiz:
a)    El nombre de su creador.
b)    Cuna del descubrimiento del grafito.
c)    Fecha de su creación.
d)    Proceso de elaboración.
4.    La narradora supone que el lápiz perteneció a una persona adulta, por:
a)    El desgaste del borrador.
b)    El ligero olor a tabaco.
c)    Las manchas de nicotina.
d)    El raspado fino de la madera.
5.    Quien compró el lápiz cuando nuevo fue:
a)    Un universitario
b)    Kimiki
c)    Noemí
d)    Un pintor.
6.    ¿Quién le relata a la narradora las peripecias del lápiz, desde que salió de la vitrina hasta que cayó en la cuneta?
a)    La hija de Felimón.
b)    El propio lápiz.
c)    El viejo Felimón.
d)    El padre de Kimiki.
7.    ¿Quién perdió el lápiz en el parque por distraerse con las palomas?
a)    El viejo pintor
b)    Kimiki
c)    La hija de Felimón
d)    Un universitario
8.    ¿Quién llevó el lápiz a la escuela el día en que la narradora lo encontró?
a)    El viejo pintor
b)    Kimiki
c)    La hija de Felimón
d)    Un maestro
9.    ¿Cuántos años de vida cumpliría el lápiz?
a)    Seis años
b)    Siete años
c)    Ocho años
d)    Nueve años
10. ¿Quién reconoce las viejas marcas que hizo en el lápiz e identifica a su dueña inicial?
a)    El viejo pintor
b)    El padre de Kimiki
c)    La hija de Felimón
d)    La madre de Kimiki
11. Noemí es el nombre de uno de los personajes secundarios del cuento; corresponde a:
a)    La hija de Felimón
b)    La compañera de Kimiki
c)    Era el nombre de Kimiki
d)    La compradora del lápiz
12. Ella es una señorita alta, gordita, inquieta; tiene los cabellos largos que terminan en dos colas…; es la descripción que corresponde a:
a)    Kimiki
b)    Noemí
c)    Lucero
d)    Dorila
13. Recomendación que hace la narradora para servirse mejor de un lápiz pequeño:
a)    Afilar bien la punta de grafito.
b)    Añadir una tapita de lapicero.
c)    Sacar la arandela del borrador.
d)    Atarlo a un pabilo en el cuello.
14. Medida exacta del lápiz encontrado cuando la  narradora lo talla en su casa:
a)    Dos centímetros
b)    Tres centímetros
c)    Cuatro centímetros
d)    Cinco centímetros
15. Felimón encuentra el lápiz después que:
a)    La niña lo abandonó en un parque.
b)    Un universitario lo dejó en el aula.
c)    Un cachimbo lo olvida en el bar.
d)    Un maestro lo pierde en el patio.
16. Era el lugar preferido donde Felimón llevaba el pequeño lápiz:
a)    En su cartuchera marrón.
b)    El pabellón de la oreja derecha.
c)    En la bolsa del pantalón raído.
d)    El bolsillo izquierdo de su camisa.
17. El lápiz cuenta muchas peripecias y grandiosas experiencias; pero se lamenta de:
a)    No haber tenido con quien compartir su sabiduría.
b)    No haber sido tratado con dignidad por todos sus dueños.
c)    No haber conocido los días soleados  ni las noches estrelladas.
d)    No haber tenido la oportunidad de ser  compañero de un maestro.
18. El lápiz considera que, en su diario trajinar de la vida, como un rival que se ensañó con él, fue:
a)    El caprichoso sino
b)    La mala suerte
c)    Los crueles augurios 
d)    El olvido de sus dueños
19. El lápiz se siente orgulloso de haber mostrado temple, valentía y no haberse amilanado ante nadie, porque:
a)    Sus dueños llegaron a amarlo.
b)    Sus dueños siempre lo olvidaban.
c)    Conocía su oficio como a sí mismo.
d)    Siempre se sobrepuso a su suerte.
20. ¿Quién encuentra al lápiz cuando su primera dueña lo abandona en el respaldar de una banca?
a)    No se sabe
b)    Un postulante a la universidad
c)    Una maestra de Inicial.
d)    Noemí, la hija de Felimón.
21. Uno de los defectos que tenía Felimón y es causa para que abandone al lápiz, era:
a)    Ser bohemio y trasnochador
b)    Ser demasiado olvidadizo
c)    Ser inestable e improvisador
d)    Ser descuidado y sucio
22. Las carpetas del salón donde Kimiki estudió el primer año de Educación Inicial, eran de color:
a)    Azul
b)    Anaranjado
c)    Rojo
d)    Verde
23. Cualidad que no corresponde a la narradora del cuento:
a)    Responsable
b)    Estudiosa
c)    Curiosa
d)    Vanidosa
24.   Cuando la narradora utiliza la palabra cultor, se refiere a:
a)    Artistas y creadores
b)    Bohemios y poetas
c)    Escultores y borrachos
d)    Artesanos y eruditos
25.   Se infiere que el padre de Kimiki, era:
a)    Un destacado músico
b)    Un escritor de renombre
c)    Un cultor de las artes
d)    Un amante de la poesía
26. En la expresión practicar alguna pericia para salir airoso, la palabra pericia es utilizado, según el contexto, como sinónimo de:
a)    Sabiduría
b)    Experiencia
c)    Habilidad
d)    Astucia
27. ¿Cuál es el tono del autor en el cuento Un pequeño lápiz y yo?
a)    Alegre y anecdótico
b)    Nostálgico y fantasioso
c)    Melancólico y ficcional
d)    Dramático y misterioso
28. ¿Cuál es el propósito del autor en el cuento Un pequeño lápiz y yo?
a)    Recordar con nostalgia las peripecias y aventuras de su primer lápiz.
b)    Reconstruir la esforzada vida y anécdotas de su primer lápiz.
c)    Contar una historia fantástica sobre el reencuentro de Kimiki y su lápiz.
d)    Reflexionar sobre el destino doloroso y anecdótico de los lápices.
29. es probable que lo haya burilado para para amarrarlo con un pabilo; se traduce como que:
a)    Es cierto que lo ha agujereado para atarlo con un hilo grueso.
b)    Es creíble que le grabó un canalillo para atar un hilo de algodón.
c)    Es verosímil que haya pinchado con algo para asegurarle una pita.
d)    Es dudoso que haya puesto tachuelas para sostenerlo con hilos.
30. El tema del cuento Un pequeño lápiz y yo, es:
a)    Las aventuras fantásticas del pequeño lápiz.
b)    Las anécdotas escolares y familiares de Kimiki.
c)    El reencuentro fantástico del lápiz con Kimiki.
d)    La vida desordenada y bohemia de Felimón.

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martes, 18 de abril de 2017

Francisca Pizarro, la primera perulera

La República, 05 de marzo de 2017

En el Día de la Mujer, un homenaje desde Trujillo de Extremadura a la primera mestiza peruana, doña Francisca Pizarro, hija del conquistador y de la coya inca Inés Huaylas Yupanqui, hermana de Atahualpa y nieta de Huayna Cápac.

Escribe: Roberto Ochoa

Doña Francisca Pizarro nació cuando el Tawantinsuyo había dejado de existir, el Perú se llamaba Nueva Castilla y Lima no había sido fundada como Ciudad de los Reyes.
Vino al mundo en 1534 en lo que fue la primera capital, Jauja, y era de doble noble cuna: del lado de acá, fue nieta del inca Huayna Cápac, sobrina de Atahualpa y nieta de la curaca Contarhuacho, ama y señora del Hanan y Hurín Huaylas (hoy Áncash). Del lado de allá, era la primogénita del Marqués de la Conquista, Francisco Pizarro.
Su madre, la princesa Quispe Sisa –bautizada Inés Huaylas Yupanqui– fue un regalo que Atahualpa le hizo a Pizarro cuando estaba de rehén del conquistador extremeño.
“Fortunas y destinos cambiantes. Para unas, la conquista significaría la pérdida del cobrizo amante tiernamente amado y la caída en el torbellino de las pasiones pasajeras de los nuevos amos del Tawantinsuyo; mujeres maltratadas, violadas, abandonadas. Otras aceptarían complacientes a los extraños forasteros venidos de misteriosas y lejanas tierras en singulares casas flotantes. ¿Les fascinaría el poder que ejercían los barbados guerreros, su rápido triunfo sobre el hierático y temido Hijo del Sol, Señor de los Cuatro Suyu? ¿Cuánta curiosidad concebirían las mujeres andinas sobre las cualidades y capacidades de amar de los extranjeros?...”, se pregunta la historiadora María Rostworowski en su célebre libro Doña Francisca Pizarro, una ilustre mestiza 1534-1598.
Pizarro tenía casi 60 años. Quispe Sisa no había cumplido 18. Las princesas indígenas eran muy solicitadas por su dote y su belleza. Las mujeres de la nobleza indígena llevaban el cabello largo y suelto sobre los hombros y se distinguían por su higiene y finos vestidos. “Eran muy hermosas”, escribió Pedro Pizarro. Se movilizaban en hamacas o en andas seguidas por su numerosa servidumbre.
“La escasez de mujeres españolas en los primeros tiempos hizo indispensable para los varones europeos la presencia de mujeres andinas. De estas reuniones furtivas o estables nacieron los primeros mestizos del país. A no dudarlo, la más destacada e insigne de aquellas mestizas de la primera generación fue doña Francisca Pizarro...", sostiene Rostworowski.
Doña Francisca fue bautizada en Jauja el mismo año de su nacimiento y los historiadores aseguran que Pizarro tiró la casa por la ventana para celebrar a su hija mestiza. Sus madrinas fueron Isabel Rodríguez, Francisca Pinelo y Beatriz “La Morisca”, tres mujeres de armas tomar y de las primeras europeas que acompañaron la conquista.
No había cumplido un año de nacida cuando su padre tuvo que abandonar Jauja para fundar la Ciudad de los Reyes. Dos años después las tropas del rebelde Manco Inca atacaron Lima para expulsar a los españoles. Pizarro ofreció una desesperada resistencia y logró rechazar a los rebeldes gracias al apoyo de miles de indígenas enviados por su suegra, Contarhuacho.
A los siete años, doña Francisca sobrevivió al asesinato de su padre gracias a la intervención de Inés Muñoz, una extremeña vecina de Trujillo –la patria chica de los Pizarro– que enfrentó a los almagristas y recuperó el cadáver del marqués. También logró esconder a doña Francisca y su pequeño hermano en un convento limeño.
La historia de Inés Muñoz también es digna de recordar ahora que se celebra el Día de la Mujer. Llegó al Perú acompañando a su esposo Francisco Martín de Alcántara –medio hermano de Pizarro– pero en el camino murieron sus dos hijos españoles. El férreo carácter de Inés Muñoz quedó demostrado cuando cuestionó al propio Francisco Pizarro y se opuso a la sentencia de muerte de Atahualpa. Años después el propio Pizarro le encargó la crianza de sus hijos mestizos. Muñoz y otras hispanas fueron las que trajeron limones, trigo, olivos y algunas frutas. Un dato curioso: en Trujillo de Extremadura existe un plato típico en base a las ancas de rana, un potaje que perdura en el Valle del Mantaro, donde Pizarro fundó la primera capital.
A los 16 años doña Francisca era la soltera más codiciada del Virreynato del Perú. Heredó las encomiendas de Yucay (Cusco), Huaylas y Conchucos (en Áncash), el cacicazgo de Lima y el de Chuquitanta (en el actual Cono Norte limeño). La chismografía limeña la vinculaba en amores con su tío Gonzalo Pizarro, conocido como "el gran Gonzalo", muerto meses después cuando dirigió la rebelión de los encomenderos.
Fue entonces cuando el propio rey de España ordenó su inmediato traslado a la metrópoli. El 15 de marzo de 1551 zarpó del Callao en un galeón especialmente acondicionado para ella y su comitiva. Tenía 17 años. Viajó con dos de sus medios hermanos y con su aya española Catalina Cueva. El viaje duraba meses y está relatado con lujo de detalles en el libro de Rostworoski: Callao, Trujillo, Paita (donde compraron 500 toyos secos –el potaje más solicitado de la época) y Panamá. El istmo se atravesaba por tierra hasta el oceano Atlántico; luego hasta Cuba, Islas Azores y el puerto de San Lúcar de Barrameda.
Cuando llegó a Sevilla se fue de ‘shopping’: en paños y sedas gastó 73 mil maravedís. Compró joyas de Toledo por 17,500 maravedís. También adquirió vajillas de plata y candelabros. Lo que gastó era un monto astronómico para la gente común de España.
Su fama rompió esquemas en la metrópoli. Cuando llegó estaba fresco el recuerdo de los tesoros del quinto real (entregados por los Pizarro) cuyo astronómico monto provocó la primera inflación europea.
El rey le ofreció apoyo para instalarse en la ciudad que ella eligiera, pero doña Francisca decidió casarse con su tío Hernando (el último de los Pizarro aún con vida) que permanecía preso en un castillo por la muerte de Diego de Almagro. Tuvo cinco hijos y radicó en Trujillo de Extremadura, ciudad natal de los Pizarro. La plaza principal tiene un singular parecido con el Cusco actual, con sus arcos en el perímetro de la plaza, sus casas de piedra y un camino pétreo que serpentea hasta el castillo construido por los moros, similar a la cuesta que lleva a Sacsayhuaman. El paisaje local recuerda al del valle del Mantaro.
"El nombre Pizarro es uno de los antiguos de la zona y de la ciudad, encontrándosele desde el siglo XIII vinculado al linaje de los Añasco. Hay referencias documentales que indican la presencia de los Pizarro en la región desde 1280...", sostiene el historiador Rafael Varón Gabai en su libro La Ilusión del Poder...
Hoy en día Trujillo de Extremadura ha sido declarado uno de los ‘pueblos más lindos’ de España y es visitada por miles de turistas solo para escuchar la historia de los Pizarro y, sobre todo, de doña Francisca. En la plaza mayor resalta la estatua del conquistador y la imponente ‘Casona de la Conquista’ de los Pizarro. Los turistas pasean por el castillo y visitan la casa-museo de los Pizarro, donde se han recreado los ambientes de la época en que el joven Francisco decidió hacer la América.
Doña Francisca enviudó a los 47 años y se volvió a casar con Pedro Arias Portocarrero, marqués de Puñonrostro y hermano de la esposa de su hijo Francisco Pizarro Pizarro. La noticia fue comidilla en la alta sociedad hispana. Se mudaron a Madrid, donde compró dos mansiones. La pareja llevó una vida de lujo en la corte hasta la muerte de doña Francisca en 1598, a los 64 años. La heredó su nieto, Juan Fernando Pizarro-Señor de la Villa de Zarza, alférez de la ciudad de Trujillo y alcalde perpetuo de sus alcázares, caballero de la Orden de Calatrava y primer marqués de la Conquista.
“La vida de doña Francisca es una muestra del destino precario de las primeras mujeres peruleras en aquel siglo inicial de convivencia entre invasores y naturales”, escribió Rostworowski. "Peruleras" era el primer gentilicio de las primeras mujeres nacidas en nuestro territorio.
Doña Francisca Pizarro, Inés Huaylas Yupanqui, Contarhuacho, Catalina Cueva, Inés Muñóz... son mujeres claves para entender los primeros años de la existencia del Perú como escenario del choque de las dos más grandes civilizaciones de su época: el Tawantinsuyo y el Imperio Español.

Pero ellas han sido borradas de la historia oficial y solo figuran varones conquistadores y conquistados.

viernes, 4 de marzo de 2016

Ichik Ollco


Es ésta una de las muchas palabras sin correspondiente en castellano. Literalmente se le puede traducir por varoncillo, pero aun así no corresponde al significado de la palabra indígena.

Afirman los oriundos de las regiones del antiguo Wanuku, donde se habla el dialecto Chinchay Suyu, Wanaku o Xal’qa, que en los ríos, fuentes, riachuelos y lagunas, existe un ser de figura humana, de más o menos del tamaño de un niño de seis meses, cuyo cuerpo, en la parte posterior hasta los talones, se halla totalmente cubierto de largos y espesos pelos. Sostienen que este raro ser, caminando durante las noches sobre las aguas, gruñe reciamente con una voz semejante al de los lechones y que en días de garúa (chirapa) arroja por el ombligo el arco iris (turumanya).

Afirman también que las personas afortunadas pueden coger a aquel raro ser laceándolo con una soga de cerda torcida con la mano izquierda porque de lo contrario, con la enorme fuerza que tiene, vence al hombre. Una vez preso así, sostienen, que hasta habla en lenguaje humano y paga por su libertad crecido rescate en oro, plata o piedras preciosas. Cuentan por fin, que a quien le coge, en cambio de una fuerte recompensa metálica, le pide la guía del ombligo de un niño (varón), el cual, dice, en sus luchas con sus enemigos le sirve de poderosa arma de triunfo.

A la acción del ichik ol’qo atribuyen la descompostura de los molinos, el enturbiamiento de las aguas y el susto de los transeúntes nocturnos a causa de los gruñidos estridentes que emite aquel raro ser.

El comarcano tiene tan plena fe en la existencia real de este ser fabuloso que, cuando se camina en su compañía por la orilla de los ríos, al ver el agua coloreada por cualquier causa en los huecos que olas forman en las piedras o rocas salientes, dice al momento: “ichik ol’qupa ishpayninta rikay” (fíjate en la orina del ichik ol’qo).

Quien conoce siquiera las nociones más elementales de la meteorología, sabe cuál es el origen del arco iris (turumanya). Sin embargo los autóctonos de la comarca que nos ocupa, creen que el arco iris sale, en los instantes de garúa (chirapa), del ombligo de un ichik ol’qo, y afirman que habita en un manantial, y que formando espirales va a dar en el ombligo de otro ichik ol’qo, que reside en otro manantial. Muchos agregan que, adherido al extremo saliente del espiral, va un gato rojo el que supone sea el demonio (supay).

Atribuyen al arco iris efectos maléficos. Cuando una mujer da a luz un monstruo o se enferma de hidropesía, o de cualquier otro mal que aumenta el volumen del vientre, sin admitir discusión, afirma que la mujer está puksyush’qa, esto es, que el arco iris se ha introducido en el vientre, o mejor, que el ichik ol’qo la ha poseído mediante el arco iris.

Se va más lejos en esta creencia: se sostiene que aún el hombre y los animales de todo sexo pueden ser poseídos por el turumanya. De tal manera está arraigada esta creencia en el espíritu popular que toda mujer que se halla ocupada en alguna faena cerca de una fuente, laguna o río, o simplemente está cerca de las aguas, en cuanto comienza a caer la garúa, antes que aparezca el arco iris, abandona su tarea y huye precipitadamente lejos de las aguas.


Es curioso observar la diferencia que establece sobre la forma cómo la mujer y el hombre, se dice, son poseídos por el turumanya: el hombre lo es por la coronilla de la cabeza y la mujer por el ombligo.

Distinguen dos clases de arco iris: el de los siete colores y el blanco que, dicen, sólo aparece en las altas cumbres durante las tempestades o en las noches lluviosas. Este último es el más temido por sus efectos y también porque no siendo estable como el primero, persigue a las gentes por donde quiera que huyan, atemorizando los espíritus con su estridencia característica.


Wira Kocha N° 1. Enero, 1931. Vol. I - Recogido por Saturnino Vara Cadillo

miércoles, 25 de marzo de 2015

El zorrillo con sombrero


Por: Antonio Ureta Espinoza

En plena luna salimos los jóvenes en cuadrillas para hacer el trabajo del siegue de la cebada, el trigo, la avena. Llevamos coca y cigarro. Waylijiando nos acompañamos con la tinya, con el cacho. Y en esos momentos también pues escuchamos que hay alguien tocando el wiro.

-¿Pero quién está por ahí acompañándonos a tocar? -decimos, haciendo silencio. Y sigue tocando. Entonces los más viejos dicen:
-¡Es el zorrillo!

Bueno, nos dividimos, así, entre varios, para salir. Y observamos a una distancia, como a quince metros: sentado está el zorrillo que se había puesto una bosta sobre la cabeza, y empieza otra vez a rascar con sus garras, bailando, silbando, dando vueltas. Hasta que por fin achicando el círculo tenemos que cazarlo al zorrillo. Se había hecho un sombrerito de la bosta, labradita, tamaño de su cabecita.

Aplicación sobre las características y elementos del texto narrativo:

¨  ¿Qué aspectos del relato son reales y cuáles son ficticios? ¿Parece creíble?
¨  El lenguaje utilizado, ¿ayuda a la comprensión del texto?
¨  El relato, ¿es ágil, ameno, interesante?
¨  El autor, ¿introduce otros temas, aparte del encuentro con el zorrillo?
¨  Identifica el inicio, nudo y desenlace.
¨  ¿Quiénes son los personajes?
¨  ¿Qué tipo de narrador presenta?

¨  ¿Dónde ocurren las acciones y qué tipo de tiempo presenta?