jueves, 23 de mayo de 2013

La Biblia desenterrada (Finkelstein y Siberman)



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La Biblia desenterrada es un libro de los investigadores Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman dedicado a desentrañar la historia del antiguo pueblo israelita, contrastando las historias del Antiguo Testamento con los descubrimientos arqueológicos modernos. Antes de cualquier objeción en ese sentido es necesario aclarar que no se trata de un libro antirreligioso o una denuncia de las falsedades de la Biblia. No obstante, es previsible que los creyentes menos sofisticados o más habituados a la interpretación literal de la Biblia resulten sorprendidos o afectados negativamente.

Los autores se esfuerzan a cada paso en destacar el valor de la Biblia como documentación, no necesariamente de la historia, sino de las condiciones políticas y las inquietudes sociológicas de los habitantes de los territorios que se engloban en los libros bíblicos bajo la denominación de “Israel”, y que estuvieron en realidad muy lejos de la epopeya fundacional de Moisés, de la fulgurante conquista de Canaán y del legendario poder de la dinastía davídica o del rey Salomón.

No se trata simplemente, como se suele creer, de que ciertos pasajes del Antiguo Testamento sean exagerados o contengan episodios mitificados. Más bien nos encontramos con que tramos enteros de la historia del antiguo Israel están inventados, y otros están basados muy libremente en desarrollos históricos paralelos. Los estudiosos están de acuerdo, por ejemplo, en que la historia de la esclavitud en Egipto es completamente ficticia, aunque pudo inspirarse en el hecho de que los egipcios empleaban a muchos obreros inmigrantes del Sinaí en sus obras públicas. El Éxodo tampoco parece tener base histórica alguna, resultando particularmente inviable una huida masiva de esclavos a causa del férreo dominio que Egipto ejercía sobre el actual Israel.

El ciclo de sangrientas batallas que (según la Biblia) llevaron a la conquista de Canaán por los israelitas no tiene correlato arqueológico, excepto la destrucción de las ciudades-estado litorales por parte de un adversario desconocido, quizá los enigmáticos “Pueblos del Mar”, y luego de una corta renovación posterior, la nueva y definitiva devastación llevada a cabo por el faraón egipcio Shoshenk (llamado Sisac en la Biblia). Lo que ocurrió entre los supuestos “israelitas” y los cananeos es en realidad un reflejo de varias olas de colonización y abandono de las tierras al oeste del Jordán por parte de pueblos nómades, y un recuerdo de tensiones habituales entre los pastores nómades y los agricultores sedentarios. La auto-identificación étnica de los israelitas como pueblo fue posterior.

La gesta de David contra los filisteos es también inverosímil, por cuanto el reino de Judá era pobrísimo en hombres, en recursos y en cultura material; de la misma manera, el esplendor de Salomón no condice con la constatación de que la Jerusalén de esa época era apenas un pueblito serrano, sin fortificaciones ni grandes templos. Los numerosísimos ejércitos bíblicos no hubieran podido formarse ni mantenerse. Buena parte de toda esta historia fue escrita siglos después, para legitimar la unificación sociopolítica e ideológico-religiosa del reino, que buscaba subsumir a las tribus del norte (Israel propiamente dicho) y las del sur (el reino de Judá), con su capital y su Templo al único Dios situados en la sureña Jerusalén. Las profecías que se refieren a la suerte de Judá y de Israel representan intentos a posteriori de conciliar las supuestas promesas divinas de reinado eterno y unificado con la amarga separación y enemistad entre los reinos y con la inexplicable prosperidad de un Israel que se había rebelado contra Dios.

De hecho, el reino del norte (Israel) es consistentemente vituperado en la Biblia. El pecado de Israel fue precisamente su apertura a los cultos de otros dioses y la disposición de sus reyes a tomar esposas extranjeras, como la infame Jezabel, reina de origen fenicio, desposada con el rey Ajab. Por este y otros pecados, los descendientes de Ajab murieron uno tras otro de formas horribles. En realidad, esta historia (narrada en el libro de los Reyes) es casi totalmente ficticia. Israel bajo la dinastía omrita fue un reino fuerte y próspero, siendo el primero que amerita mención en documentos de otros pueblos de Medio Oriente, en momentos en que Judá era apenas un conjunto de aldeas escasamente pobladas. Sólo cuando el imperio asirio devastó Israel tuvo Judá la oportunidad de transformarse en un estado, y el rey Josías pudo usar los textos sagrados para legitimar su ocupación de las tierras del norte,  su poder sobre todas las tribus, y la centralización forzada del culto a Yahvé en Jerusalén.

La Biblia desenterrada es un recurso valiosísimo para quien debata sobre la historicidad de la Biblia. Inevitablemente, el libro es algo denso, ya que cuenta con un gran nivel de detalle y suele revisitar los hechos desde varios puntos de vista, pero leerlo brinda el placer de encontrarse con un trabajo arqueológico de primera clase, donde las certidumbres y las dudas de los investigadores están honestamente delineadas. Debe tenerse muy en cuenta que el libro no es una crítica a la Biblia: no busca desmontarla ni ridiculizarla, sino mostrarla como una epopeya nacional y un cuerpo de leyendas inspiradoras para un pueblo que ha persistido, reinterpretándola y adecuándola a sucesos cambiantes, durante milenios, a pesar de exilios y persecuciones que lo han llevado a todos los rincones del mundo.

Aunque la verdadera historia no está en la Biblia, tampoco corre paralela a ella, sino que la toca y la moldea, mediada por la teología y la política, por las tradiciones literarias y las expectativas del pueblo al que fue destinada. Que tantas veces haya sido impuesta por unos a otros, que tanto tiempo haya sido afirmada dogmáticamente como verdad fáctica y no aceptada como mito, no es culpa del libro ni de sus antiguos autores, sino fruto de esa terrible cerrazón que es el fundamentalismo religioso y de la ignorancia de los literalistas.

La Biblia: aportes de los estudios modernos



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Si pedimos a cualquier católico que nos diga el nombre de la fruta que Eva ofreció a Adán, con total seguridad nos dirá que fue una manzana. Así lo asegura la tradición popular, y así han representado la escena del pecado original infinidad de artistas a lo largo de la Historia.
Sin embargo, a pesar de que todos identificamos a esta fruta con la idea de pecado, lo cierto es que la Biblia no la menciona en absoluto: «Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió» (Génesis, 3,6). Han sido las distintas confesiones religiosas las que han realizado su particular lectura sobre este pasaje, interpretándolo a su gusto. Así, para los católicos el fruto prohibido era una manzana, los judíos creían que era un higo, los ortodoxos una naranja y, finalmente, para los musulmanes fue un vaso de vino.
El anterior no es más que un pequeño ejemplo que demuestra cómo la Biblia, el libro más vendido y leído –al menos supuestamente– de la Historia, sigue siendo un gran desconocido para la mayor parte de la población. Muchos creyentes creen que los relatos descritos en sus páginas deben interpretarse como una verdad directamente revelada por Dios: son hechos históricos incontestables. Para otros, se trata de hermosas parábolas que, aunque inciertas, transmiten un mensaje de gran contenido ético, moral y religioso. Sin embargo, en los últimos años, los avances en arqueología y religiones comparadas han puesto de manifiesto una realidad que incomoda por igual a judíos y cristianos: la mayor parte de los relatos e historias recogidas en el Antiguo Testamento son viejos mitos sumerios, babilonios o griegos, reescritos por los escribas judíos con fines muy concretos.
Hasta el siglo XIX, las sugerencias acerca de que los escritores de los textos sagrados podían haberse «inspirado» en narraciones más antiguas eran prácticamente nulas, o quedaban rápidamente marginadas. Sin embargo, en este siglo surgen ya las primeras voces de diversos estudiosos que proponen trabajos en este sentido. L. de Wette, por ejemplo, llevó a cabo un trabajo en el que comparaba fragmentos del Antiguo Testamento con algunos de los mitos clásicos recogidos por Homero. Algunas décadas más tarde, en 1892, se publicaba un libro de H. E. Ryle, en el que se aseguraba que los primeros libros del Antiguo Testamento eran reinterpretaciones de mitos babilónicos, «corregidos de forma que presentaran un monoteísmo». Aquellos análisis iniciales, acompañados por ciertos descubrimientos arqueológicos relevantes, marcaron la pauta de una línea crítica con los hechos reflejados en las páginas del Antiguo Testamento.
«Hágase la luz»
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra (…). Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de la oscuridad». Con estas palabras comienza el Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento. Durante siglos, teólogos y creyentes han considerado estas frases (y toda la Biblia) como hechos ciertos e incontestables, como una narración procedente del propio Creador y que no «bebía» de otras fuentes.
Sin embargo, en 1876 los arqueólogos sacaron a la luz una serie de tablillas cubiertas de escritura cuneiforme que contenían el llamado Poema acadio de la Creación. A partir de esa fecha, los investigadores han encontrado otras copias de dicho texto, cuyo contenido supone un duro varapalo para los defensores de la originalidad de las Sagradas Escrituras. La versión más extensa de las encontradas hasta el momento se conoce como Enuma Elish (las primeras palabras del texto, que se traducen como «Cuando en lo alto…») y está compuesta por siete de estas tablillas.
En su libro Los mitos hebreos (Alianza Editorial), Robert Graves y Raphael Patai describen con detalle el contenido de dicha narración: en el comienzo de los tiempos, los dioses Apsu (el procreador) y Tiamat (la Madre) se unieron y engendraron numerosos monstruos. Tiempo después surgió una generación de dioses más jóvenes. «Uno de ellos, Ea, dios de la sabiduría, desafió y mató a Apsu. Tiamat se casó con su propio hijo Kingu, engendró monstruos con él y se dispuso a vengarse de Ea». El único que tuvo valor para enfrentarse a Tiamat fue el hijo de Ea, Marduk. Éste mató a Tiamat y, tras partirla por la mitad, utilizó una de las partes «como firmamento, para impedir que las aguas de arriba inundaran la tierra; y la otra como base rocosa para el mar y la tierra». Este fragmento del Enuma Elish recuerda sospechosamente al relato del Génesis sobre el segundo día de la creación: « (…) Y dijo Dios: Haya un firmamento en medio de las aguas y que separe las aguas de las aguas. E hizo Dios el firmamento y apartó las aguas que estaban debajo del firmamento de las que estaban arriba del firmamento. Y llamó Dios al firmamento cielos».
No es el único elemento similar que encontramos en el texto acadio (muy anterior al relato bíblico) al compararlo con el Génesis. Tras asesinar a Tiamat, Marduk se dispone a crear todo lo visible, y esta labor coincide casi punto por punto con lo reflejado en las páginas del Antiguo Testamento. Según el Génesis, Dios, tras crear el firmamento y separar la tierra de los mares, se dedicó el cuarto día a generar el sol, la luna y las estrellas. Al día siguiente los monstruos marinos, los peces y las aves. Finalmente, el sexto día dio forma a las bestias terrestres, las sierpes y al ser humano. Y al séptimo día descansó… «El Enuma Elish –explican Graves y Pataipresenta el siguiente orden: separación del cielo de la tierra y el mar, creación de los planetas y estrellas, creación de los árboles y las hierbas, creación de los animales y los peces, creación del hombre por Marduk con la sangre de Kingu».
Adán, Eva y la Caída del Hombre
Al igual que sucede con el caso anterior, el relato de la Creación de una pareja original aparece en numerosas tradiciones míticas del Oriente Próximo. Todas estas historias son, por supuesto, muy anteriores a la redacción de la Biblia.
Según el Génesis, Dios creó a Adán el sexto día, y para ello utilizó polvo de la tierra. Como saben bien los mitólogos, los relatos sobre dioses que crean al hombre a partir de tierra, polvo o arcilla son muy comunes. «En Egipto, el dios Khnum –o Ptah– creó al hombre con una rueda de alfarero», explican los autores de Los mitos hebreos. «En Babilonia, la diosa Aruru –o Ea– modeló al hombre –llamado Endiku– con arcilla».
En Génesis 3:20, Adán llama a Eva «madre de todos los vivientes», una denominación que ya habían recibido la divinidad sumeria Aruru o Ishtar. Por si fuera poco, al igual que Eva le abre las puertas de la sabiduría a Adán dándole a comer el fruto prohibido, también Aruru –la diosa– otorga la sabiduría a Endiku. El escritor y gran maestre masónico Robert Ambelain, en su libro Los secretos de Israel (Ed. Martínez Roca), también señala la existencia de sospechosas similitudes de la Biblia con los mitos recogidos en la última parte del Avesta, el libro sagrado del zoroastrismo. Según este texto, el dios del bien, Ormuz, colocó en la Tierra al primer hombre y la primera mujer, llamados Meshia y Meshiané. Ormuz había prometido a la pareja original una felicidad eterna, tanto en la existencia terrenal como en la celestial, a cambio de que le rindieran adoración a él en exclusiva. Durante mucho tiempo, Meshia y Meshiané cumplieron con su palabra. Sin embargo, cierto día, el dios del Mal, Arimán, se dirigió a ellos bajo su forma de serpiente y, con engaños, les convenció para que le adoraran. Tras la traición, Ormuz condenó a la pareja a una vida de sufrimiento.
Igualmente similar resulta otro relato, en este caso sumerio: el mito de Enki y Ninhursag. En esta leyenda aparece un paraíso, similar al descrito en el Génesis. El «Edén» sumerio se llama Dilmum, y en él no existían la muerte ni la enfermedad. En este antiguo mito, la diosa-madre Ninhursag creó ocho plantas en Dilmum. Cuando Enki supo de su existencia, quiso probarlas, de modo que envió a su mensajero Isimud para que las robara. Enki probó de todas ellas, y cuando Ninhursag se enteró entró en cólera y lanzó una maldición de muerte contra Enki. Éste sufrió dolores en ocho partes de su cuerpo, pero los dioses mayores obligaron a Ninhursag a curarle. Así que la diosa creó ocho divinidades menores para que curaran a Enki. Una de las zonas enfermas era la costilla, y la deidad encargada de curarla se llamó Ninti, que significa ‘mujer de la costilla’. Los estudiosos que han comparado este mito con el del Génesis han advertido las curiosas semejanzas entre ambos relatos. Tanto en uno como en otro aparece un paraíso maravilloso en el que no existen ni la muerte ni la enfermedad. Se habla también de unos frutos prohibidos que son ingeridos (por Adán y Eva en el Génesis y por Enki en el relato sumerio), lo que causa un castigo o maldición y, para terminar, encontramos también la referencia a la costilla y su relación con la figura femenina.
Por último, existe aún otro mito babilonio que recoge características y rasgos similares. Se trata de la Epopeya de Gilgamesh –de la que hablaremos más adelante–, en la que este héroe, en su búsqueda de la inmortalidad, logra hacerse con una planta de la eterna juventud que se halla oculta en el fondo del mar. Sin embargo, el preciado tesoro duró poco en manos de Gilgamesh ya que, mientras tomaba un baño, alguien robó la valiosa planta. El ladrón no era otro que… ¡una malvada serpiente!
Noé no fue el primero
En 1872, George Smith, un joven de 22 años empleado del Museo Británico, se encontraba traduciendo unas antiguas tablillas desenterradas por los arqueólogos veinte años atrás. Mientras trabajaba con una de las piezas, el relato que estaba surgiendo ante sus ojos hacía referencia a un barco que se había posado en una montaña, y de tres pájaros que salieron de él, tras un terrible aguacero. Aquella historia podría ser la de Noé y el Diluvio bíblico, de no ser porque el texto que estaba traduciendo Smith en aquel momento pertenecía a una escritura cuneiforme descubierta durante una excavación en Mesopotamia.
Una historia muy similar a la desvelada por Smith era conocida hacía tiempo, a través del relato que había dejado un historiador caldeo llamado Beroso en el siglo IV a. C. Ante el problema que suponía aquella narración legendaria tan similar a la del Noé bíblico, los teólogos cristianos y judíos respondieron diciendo que Beroso había copiado al autor del Génesis, y no al revés. Sin embargo, el hallazgo de Smith daba un nuevo giro a la polémica, ya que aquellas tablillas del Museo Británico, que recogían la famosa Epopeya de Gilgamesh, estaban datadas en el siglo VII a.C., y eran la copia de un texto mucho más antiguo… Mucho más que el relato del Génesis. Y esta parecía ser, a todas luces, la fuente que había utilizado Beroso para la redacción de su relato sobre el Diluvio, por lo que era el Génesis quien había copiado, y no al revés.
Por supuesto, el descubrimiento del joven Smith –puesto en conocimiento de la Sociedad de Arqueología Bíblica durante una conferencia impartida el 3 de diciembre de 1872– supuso una auténtica revolución en diversos ambientes. Pero, ¿qué cuenta exactamente al respecto la Epopeya de Gilgamesh? La escritura cuneiforme grabada en las tablillas, concretamente en la número once, relata la historia del héroe, que viaja en busca de un modo de alcanzar la inmortalidad. En su periplo, Gilgamesh llega a una remota isla en la que reside su antepasado Utnapishtim y es éste quien le revela una sorprendente historia. Mucho tiempo atrás, Ea, el dios de la sabiduría, advirtió a su fiel Utnapishtim –quien siempre le había rendido adoración– sobre las intenciones de otros dioses, comandados por Enlil, de destruir a toda la humanidad mediante un terrible diluvio. Ea facilitó a su siervo las instrucciones precisas que debía seguir para escapar al cruel castigo y salvar la vida. Entre ellas estaba la construcción de un navío, en el que debía alojar a sus allegados. Al igual que se describe en la historia de Noé, también Utnapishtim libera una golondrina, un cuervo y una paloma. Robert Graves y Raphael Patai también recogen –además del anterior– otro antiguo mito de similares características. En este caso se trata de un relato griego, en el que Zeus decidió acabar con los hombres. También aquí encontramos un ‘Noé’, en este caso llamado Deucalión, a quien su padre, el titán Prometeo, advirtió de la inminencia de la catástrofe. Para salvar su vida, Deucalión construyó un arca, la cual llenó de provisiones, y se hizo acompañar por su esposa Pirra.
Como apreciará el lector, la historia de Noé y el Diluvio Universal es, al igual que hemos visto con la Creación y la historia de Adán y Eva, una reelaboración de mitos babilonios y caldeos más antiguos. Para Ambelain, la explicación al origen de Noé es muy clara: «Los hebreos recibieron este relato de las tradiciones vehiculadas por la descendencia de Abraham, que era originario de Ur, en Caldea, o lo recogieron durante el cautiverio en Babilonia. Tanto en un caso como en otro, Moisés no recibió las enseñanzas en la cima del Sinaí, por propia boca de Dios».
Para los cristianos y judíos fundamentalistas, sin embargo, la cosa no está tan clara. Según, la existencia de la Epopeya de Gilgamesh no demuestra que el Antiguo Testamento sea una copia de dichas leyendas, sino que son estas las que se hacen eco de un suceso antiquísimo ocurrido realmente, y que fue protagonizado por Noé.
En su libro, Graves y Patai recogen otros muchos ejemplos de este tipo de «reelaboración de mitos» existente en la Biblia. Ese parece el caso de la narración sobre las hijas de Lot. Según las escrituras, tras huir de Sodoma, Lot y sus hijas creyeron ser los únicos supervivientes de la humanidad. Por este motivo, las muchachas decidieron que, para preservar su especie, debían engendrar con el único hombre que quedaba vivo: su padre. Para conseguir su objetivo, las hijas emborracharon a Lot, y «yacieron con él». Este pasaje de incesto, según los autores de Los mitos hebreos, parece idéntico «al mito jonio de Tammuz, cuya madre, Esmirna, había embriagado a su padre, el rey Tías de Asiria, y yacido con él durante doce noches».
La historia de José
Si las narraciones sobre la Creación y el Diluvio parecen, como hemos visto, reinterpretaciones de mitos más antiguos, lo mismo sucede si examinamos con detenimiento otros pasajes del Antiguo Testamento. Este es el caso, por ejemplo, de la historia de José, el hijo de Jacob, vendido como esclavo y llevado a Egipto, donde terminará prosperando tras interpretar con acierto los extraños sueños que sufre el faraón. Actualmente, los historiadores creen que, con seguridad, las peripecias vividas por José no son sino creaciones literarias elaboradas mil años más tarde de la fecha en la que supuestamente ocurrieron. Esa es la opinión, por ejemplo, de Mario Liverani, profesor de Historia en la Universidad de La Sapienza (Roma).
La historia de José resulta muy similar a las de otras figuras importantes. Por ejemplo, el caso de Ahiqar, un hombre humilde que termina siendo consejero del rey Assharaddón (siglo VII a.C.). No es el único. Otros personajes, antes y después, aparecen reflejados en crónicas y leyendas viviendo experiencias similares. El historiador griego Herodoto, por ejemplo, recoge en sus escritos el caso de Democede, un médico que fue apresado y convertido en esclavo en la Corte de Darío, hasta que logró ascender al puesto de consejero real.
Estas similitudes de José con el prototipo de ‘héroe’ que, desde lo más bajo, alcanza las cotas más altas de poder, ha llevado a los investigadores a creer que posiblemente la historia relatada en la Biblia sea una creación posterior a la época del exilio en Babilonia. Estos detalles, unidos a los datos referidos en el relato sobre las estructuras sociales y económicas, hacen imposible que fuera redactada antes del siglo V a. C. «Se trata de una narración utópica», asegura Liverani.
Ni siquiera Moisés, liberador del pueblo de Israel y depositario de las leyes divinas, escapa a la duda de la creación legendaria. Como todo el mundo sabe, el Éxodo cuenta cómo poco después que naciera Moisés, el faraón egipcio ordenó que todos los varones judíos fueran asesinados: «Arrojad al río a todo varón que nazca» (Éxodo, 1:22). A pesar de que logró ocultarlo durante algún tiempo, finalmente su madre Jocabed se vio obligada a abandonar a su pequeño en las aguas del Nilo, protegido en una canastilla. Casualmente, el pequeño Moisés es encontrado por la hija del faraón, y adoptado por ésta. Pero, por increíble que parezca, Moisés no fue el único que gozó de esa suerte. Al menos, eso aseguran otros relatos en los que se cuenta una historia casi idéntica a ésta, aunque protagonizada por otros personajes importantes, como Sargón I de Acad (2300 a.C. aprox.), o Ciro II de Persia, quienes también se habrían salvado de una muerte segura en su niñez, a pesar de haber sido abandonados por sus madres en aguas de un río, introducidos en una canasta…
También existen precedentes muy parecidos en la mitología de otras religiones. El periodista y escritor Lisandro de la Torre recogía uno de estos ejemplos: «Esta leyenda es idéntica a la del nacimiento del semidiós Kama en el tercer libro del Mahabarata indostánico, que Schulz transcribe. Pritha, fecundada secretamente por Surya, dios de la luz, para ocultar su vergüenza colocó a su hijo en un cesto de mimbre y lo entregó al río Acwa, que lo arrastró hasta el Ganges, donde Alhirata y su mujer Rahda lo recogieron y adoptaron».
Arqueología frente a fe
Si el siglo XIX marcó el inicio del escepticismo y la crítica de diversos autores sobre la originalidad de algunos de los relatos bíblicos, el siglo XX ha aportado nuevos hallazgos a este respecto, aunque desde el punto de vista de la arqueología.
A pesar de que no pocos estudiosos han desarrollado investigaciones arqueológicas con la intención de corroborar algunos pasajes de las Sagradas Escrituras –con mayor o menor fortuna–, sin duda alguna los mayores avances proceden de ciertos científicos cuyas investigaciones no han sido ajenas a la polémica. Ese es el caso de los profesores Israel Finkelstein y Neil Asher, ambos arqueólogos de la Universidad de Tel Aviv (Israel). En 2001 publicaron La Biblia desenterrada un libro que levantó ampollas entre los creyentes y teólogos judíos y cristianos de todo el mundo, pero especialmente en su país natal, donde fueron acusados de traidores de la patria. ¿Qué contenía el libro para causar semejante revuelo? Pues, entre otras cosas, ponía en duda la historicidad de la vida de Moisés, del Éxodo y de otros muchos pasajes supuestamente veraces presentes en el Antiguo Testamento, después de analizar minuciosamente los datos obtenidos durante sus excavaciones arqueológicas.
Entre las desestabilizadoras conclusiones a las que han llegado estos investigadores, se encuentran la negación del pasaje de las murallas de Jericó, que según las escrituras fueron derribadas por el sonido de las trompetas del ejército del Pueblo Elegido. Para desgracia de los creyentes más conservadores, las excavaciones arqueológicas desvelaron que en el siglo XIII a.C. Jericó era apenas un pequeño poblado, que carecía de amurallamiento. Tampoco David y su hijo Salomón parecen ser los grandes monarcas que describe el Antiguo Testamento. Según la Biblia, el reino de Israel en aquella época poseía un gran poderío, con una prospera capital, Jerusalén. Las prospecciones arqueológicas tampoco han dado la razón a tales aseveraciones, ya que lo que han sacado a la luz demuestra que, en la época de estos dos míticos reyes, Jerusalén era una pequeña población, nada que ver con la imagen fastuosa y poderosa que ofrece la Biblia. Según Finkelstein y Asher, resulta imposible que Moisés escribiera el Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia), entre otras cosas porque el Deuteronomio, el último de ellos, «describe el momento y las circunstancias exactas» de la muerte del propio Moisés.
Por otro lado, el Éxodo tiene pocos visos de verosimilitud. Según los textos sagrados, cientos de miles de judíos fueron guiados por Moisés a través del desierto, en su periplo de cuarenta años antes de alcanzar el monte Sinaí. Sin embargo, según los arqueólogos israelíes, los archivos egipcios de la época, que por lo general dejaban constancia escrita de cualquier suceso relevante ocurrido en su territorio, no hacen ni una sola mención a la presencia de semejante masa humana vagando por las arenas del desierto. Además, en la fecha en la que se supone se produjeron aquellos sucesos, habría sido prácticamente imposible que los judíos no fueran descubiertos durante su peregrinar, ya que Egipto poseía una serie de fortificaciones militares a lo largo y ancho de su territorio. A pesar de eso –señalan los arqueólogos–, «ni una sola estela los menciona».
Así se creó el mito
Si los arqueólogos israelíes están en lo cierto, tal y como se desprende de sus investigaciones, ¿cómo se forjó aquel cúmulo de mitos, leyendas y relatos más o menos fantásticos? Para Finkelstein, el Pentateuco, atribuido a la pluma de Moisés, es en realidad «una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada 1.500 años después de lo que siempre creímos». Según esta hipótesis, estos textos sagrados comenzaron a ser reunidos y organizados durante el reinado de Josías, que gobernó Judá en torno al siglo VII a.C. El objetivo de aquella magna obra literaria no era otro que crear una nación unida, a partir del reino del norte (Israel) y el del sur (Judá). La intención era instaurar el monoteísmo –que no surgiría hasta ese momento-, de forma que el pueblo judío se convirtiera en uno solo, dirigido por un único Dios y gobernado por un rey. De modo que los escribas inventaron una historia común, a la medida de sus necesidades.
Así que ni hubo culto a un único dios desde tiempos pretéritos, ni se produjo Éxodo alguno, ni conquista de Canaán. Además, las historias sobre la Creación, el Diluvio y otros muchos pasajes fueron adaptadas y reescritas –como ya hemos visto– a partir de antiguos mitos babilonios y sumerios, de cuya existencia habrían tenido conocimiento durante el periodo del cautiverio en Babilonia.
Con semejantes conclusiones, no es de extrañar que Finkelstein y Asher, al igual que otros estudiosos con ideas similares, hayan sido criticados con dureza e incluso tildados de enemigos de su propio país. Y es que los resultados de sus largos estudios e investigaciones no sólo tienen consecuencias históricas y religiosas, sino también, y esto es quizá lo más importante, graves implicaciones políticas.

lunes, 29 de abril de 2013

Sirenas amazónicas y "yakurunas"



Según la creencia popular, los testimonios orales y tradiciones escritas; en los lugares desolados de la selva amazónica donde abundan fuentes de agua habitan unas mujeres extraordinarias a quienes llaman sirenas. Las sirenas se caracterizan por tener desde la cintura,  en lugar de las extremidades inferiores, una larga y escamosa cola de pez; de la cintura hacia arriba, un cuerpo humano, cabellos largos y rubios, ojos azules, piel  blanca y el torso desnudo cuyos senos son cubiertos disimuladamente con sus largos cabellos sueltos.

También existen testimonios de personas que aseguran haber tenido contacto con ellas mostrándose más bien con características humanas solamente; pero actuando con seductoras insinuaciones para que su víctima ingrese al agua con ella. Las sirenas pueden adular y engañar al varón para llevárselas a las profundidades del río. Algunas personas afirman que su atracción hipnótica es tal que quienes son encantados terminan levantándose por las noches de sus camas y se dirigen a la fuente de agua con la idea de arrojarse en ella.

La versión masculina de las sirenas son los yakurunas, los mismos se sienten atraídos por las mujeres y las cortejan; las visitan en sus casas llevándoles regalos (peces). Se atreven a seducirlas sin importar que ellas tengan marido y las inducen a  llevar una relación adúltera, ocultando su identidad de "hombres del agua".

Muchas personas de edad avanzada aseguran haber visto en tiempos pasados a extrañas y bellas mujeres bañándose en el río o sentadas en rocas o troncos que afloraban del agua. Afirman que era común observar a estos seres a lo largo del río y en las lagunas o "cochas" en lejanas épocas, cuando recién se poblaba la amazonia y no existía mucho disturbio por la actividad humana en las fuentes de agua. El común denominador de estos casuales encuentros es que los testigos, mientras navegaban por el río, podían divisar a lo lejos una mujer sentada sobre las rocas o troncos lavándose o arreglando su cabellera; pero siempre mirando en dirección opuesta al de ellos, quienes admirados y en el intento de acercarse para verla con más claridad, causaban la huida de la sirena quien se arrojaba a las aguas del río antes de que aquellos puedan acercarse.

Muchas personas sostienen que la desaparición de sus parientes en las aguas de los ríos no se debe al ahogamiento; sino más bien a secuestros causados por las sirenas, quienes se llevan a la víctima a sus dominios bajo el agua manteniéndolos cautivos por el tiempo que ellas consideran necesario.



Los síntomas evidentes de las personas que tuvieron contacto con las sirenas se traduce en malestar, fiebre, dolor de cabeza y susto que luego debe ser sanado por los curanderos, quienes tienen que soplar humo de tabaco por todo el cuerpo de la víctima para lograr que se curen. También algunos tienen pesadillas donde presuntamente la sirena se les revela; es decir que se les presenta en el sueño y entabla conversación con ellos.


Algunos informantes aseguran no haber visto a la sirena pero si haber escuchado sus hermosos y melodiosos cantos provenientes de algún lago, río o arroyo durante las noches de luna llena. Los cantos van acompañados de sonidos de guitarra, mandolina o arpa.

Se habla de personas capaces de introducirse en los ríos y lagos a voluntad para poder convivir con los seres de sus aguas. Ellos son los brujos o hechiceros que tienen pleno conocimiento de estos misteriosos seres y de su forma de vida; así también disponen de los secretos de cómo ingresar y salir a voluntad de esos mundos acuáticos. Se habla de pactos que los mismos hacen con estas entidades, que al parecer les brindan poderes curativos o de otra índole. Se asegura que una vez que una persona ingresa al agua, bajo el encantamiento de la sirena, se encuentra con un mundo extraordinario donde hay ciudades y personas que viven cómodamente; donde la boa de agua (anacondas), los lagartos (caimanes), los lobos de río (nutrias), las tortugas y otros animales acuáticos obran como personas compartiendo el hábitat con las sirenas. Lo mismo sucede en los grandes lagos.



Se considera que las sirenas son dueñas de los recursos ictiológicos. Son la "madre del agua", la "madre de la cocha" o la "madre del río". Ellas son las que cuidan de los peces y evitan la pesca sin su autorización. Son ellas  las que castigan he impiden que algunos puedan pescar más de los debido, castigándoles con la “mezquindad de su pesca”, haciéndoles desaparecer las redes de pesca, causando fuertes remolinos o causando mal tiempo que ahuyenta a los pescadores del lugar.

La cosmovisión amazónica concibe a la sirena como un espíritu del agua que tiene una personalidad ambivalente ya que puede ser generosa y maligna según su estado anímico producto de la interacción con los seres humanos que son de su agrado o no. La sirena es generosa con los que aprovechan racionalmente los recursos ictiológicos y con los que logran captar su atención amorosa; pero es dañina con las personas que invaden su espacio sin permiso y abusan en la explotación de los recursos del río, o contra aquellos que revelaron los secretos que le fueron celosamente confiados. Es una entidad que adopta ciertos comportamientos propios de los humanos como es la lujuria, la ira, el egoísmo, la obsesión, el engaño, el secuestro, la exigencia, la adulación, el enamoramiento y la venganza. Estas características evidencian que en su construcción ha existido una fuerte intencionalidad por humanizar a dicho espíritu.



Pese a que los orígenes de esta entidad todavía no son comprensibles el mito tiene un denominador común en los muchos lugares del mundo donde existe: morfología híbrida,  el aspecto bello, el poder hipnótico y su existencia acuática. Al margen de las especulaciones intelectuales sobre las sirenas; existen algunas experiencias extrañas de muchos testigos que no pueden ser explicadas sin considerar lo mágico y extraordinario del fenómeno y que escapa al entendimiento racional de nuestra cultura actual.

En la cosmovisión amazónica sobre la existencia de los espíritus del agua existe una clara connotación ecológica vinculada al aprovechamiento racional de los recursos ictiológicos a través de una cosecha sostenible exigida por estos seres acuáticos; quienes fijan periodos de cosechas y periodos de veda que, al ser contravenidas, obligan a la sanción respectiva.

Lo cierto es que ligado al mito de las "sirenas" y "yakurunas" existen valiosos mensajes orales de ética y moral ecológica relacionados con el respeto y el uso racional de los recursos hidrobiológicos que se fueron transmitiendo a través de generaciones y desde tiempos inmemoriales en toda la Amazonía producto de una filosofía que concibe a las fuentes de agua como importantes y desconocidos mundos paralelos que merecen ser respetados y protegidos.

martes, 9 de abril de 2013

Las heroínas Toledo: recopilación bibliográfica


Uno

“Una vez depuesto el Virrey Pezuela, el Jefe de Estado Mayor, Canterac, dispuso que Ricafort volviese a la sierra donde continuaba la agitación de los indígenas, excitados por la matanza de Cangallo y de Huancayo y donde Aldao, con actividad digna de encomio, secundado por Otero y otros jefes peruanos, hacían con sus correrías todo el daño posible a sus enemigos e interceptaban las comunicaciones con la costa. Como las fuerzas que disponía Ricafort fuesen reducidas se ordenó a Valdez que saliese con 1,200 hombres en dirección al Valle del Mantaro.

El 3 de Marzo las tropas del primero habían dispersado en las cercanías de Concepción a una montonera, pero hallándose el país alzado, prefirió situarse en Izcuchaca, a fin de defender aquel paso y aguardar los refuerzos esperados. Estos llegaron bien pronto y, unidos ambos jefes, determinaron cruzar el río y pasar a la margen izquierda, tendiendo un puente de maromas, por el lado de Concepción. No lo hicieron a mansalva, porque los indios, a los cuales animaban las hermanas Toledo, patriotas decididas que lo sacrificaron todo por la causa de la libertad, les opusieron tenaz resistencia. Al fin lograron entrar en el pueblo que encontraron casi desierto, por haber huido casi todos sus habitantes. De Concepción pasaron a Ataura, más al norte y en la misma banda del río, donde cerca de 4,000 indios intentaron oponerse al paso de los realistas que, enardecidos por el combate, dejaron tendidos en el campo a más de cuatrocientos.”(*)

(*)VARGAS UGARTE, Rubén, S.J. “Historia General del Perú”, Tomo VI, Ed. Milla Batres, Lima, Perú, 1971. Pág. 116-117

Anotaciones personales:

-          El 3 de marzo hubo un enfrentamiento armado cerca de Concepción entre Ricafort y una montonera patriota.
-          La acción de cruce del puente por el lado de Concepción ocurrió después que Ricafort estuvo en Izcuchaca y entró en contacto con los refuerzos de Valdez y eso sólo pudo ocurrir en fecha posterior de 25 de marzo de 1821 en que Valdez salió de Asnapuquio hacia la sierra central por orden de Canterac.

-           Inmediatamente después de las ocurrencias del puente y el ingreso de los realistas a Concepción se llevó a cabo el combate de Ataura el 12 de abril de 1821.

-          La acción de las heroínas Toledo no fue el 3 de marzo ya que Ricafort se reunió con los refuerzos que comandaba Jerónimo Valdez en la localidad de Mito el 9 de abril de 1821.

Dos

“4.2.1 Acciones de Concepción
5.4.2.1.1 Ricafort sorprende a Aldao, 3 de Marzo.

El sanguinario Ricafort volvió de Lima por la ruta de Canta con destino al valle de los huancas. Cuando llegó a Concepción sorprendió una partida de caballería de Aldao; mató cuatro hombres y tomó prisioneros otros tantos y se apoderó también de una pieza de artillería (3 de marzo de 1821). El encuentro –según Sanabria- fue al pie del cerro de Alapa donde los guerrilleros ofrecieron férrea resistencia (Historia de Urin Huanca, p. 100).

Luego como vio que estaba alzado todo el valle, optó por retirarse a Izcuchaca a fin de contactarse con Huancavelica y Huamanga y, a la vez, esperar a Jerónimo Valdez. Parece que esta vez quiso cambiar de táctica usando la diplomacia, pues, a su paso por Huancayo emitió un bando (19  marzo) dirigido a los moradores del valle del Mantaro pidiendo disculpas por el saqueo de casas en la campaña anterior. Emitió también un comunicado desde Colca (29  marzo) a raíz de haberse hallado mutilada a una mujer y prometió sancionar al culpable; promesa que cumplió, pues mandó fusilar a un soldado realista, autor del crimen. Sabedor del avance de Valdez, volvió de Izcuchaca con dirección al valle.

5.4.2.1.2 Valdez y Ricafort atacan a Concepción. El heroísmo de las Toledo. 10 de Abril

El coronel Valdez vino de Lima por la ruta de San Mateo; llegó a Yauli el 22 de marzo y permaneció allí hasta los primeros días de abril. Una vez recuperado del cansancio prosiguió su viaje hacia el valle de Jatunmayo. Se encontró con Ricafort en el pueblo de Mito (9 abril). Allí acordaron dirigirse a Concepción utilizando el puente Balsa, pero la guerrilla de Concepción en número de 80, le opone tenaz resistencia en el referido puente (10 de abril de 1821). A causa de ello, los realistas pierden cuatro hombres; y los concepcioninos, tres. Jerónimo Valdez sufre el primer golpe serrano.

Según varias versiones, “María e Higinia Toledo” residían en Concepción de Achí junto con su madre Cleofé de Toledo. Sabedoras de la intención de Ricafort y Valdez de querer transponer el puente Balsa, ellas, en compañía de un grupo de achinos debilitaron las cadenas o cables del puente sin que nadie pudiera sospechar nada.

5.4.2.2
La Acción de Ataura (Jauja)

Ricafort y Valdez, después de incendiar a Concepción, prosiguieron su marcha hacia Jauja. Cuando se hallaban a tres kilómetros de dicho pueblo, se dieron con la sorpresa de que 4,000 guerrilleros les esperaban apostados en las colinas de Ataura en son de guerra (12 abril).”(**)

(**)CASTRO VASQUEZ, Aquilino. “Hanan Huanca, historia de Huanca Alta y de los pueblos del valle del Mantaro”, Ed.Stella, Lima, Perú, l992. Pág. 283-284

Tres

4. COMBATE  DEL 3 DE MARZO DE 1821

“Germán Leguía y Martínez narra la acción así:
Cerca de Jauja, impúsose de que sus adversarios habían abandonado la zona de ese partido y del de Huancayo, para acantonarse en el Cerro, que era a la sazón su cuartel general; y de que, por tanto, el camino hacia la gran mesa encontrábase, no sólo abierto, sino poco menos que desguarnecido.

No había, en efecto, para estorbarle el paso, más que un destacamento de caballería, instaurado por Aldao en Concepción, ascendente a un centenar escaso de hombres, allí puesto de mera observación, o tal vez base y núcleo de los indígenas del valle, que como sus congéneres de Tarma, Jauja y Huancayo, se habían sublevado y estaban completamente decididos por la causa de la independencia.

El 2 de marzo a media noche, púsose Ricafort en marcha hacia el pueblo referido (Concepción) con toda clase de precauciones a fin de presentarse por sorpresa; medida que si era necesaria para desbaratar el insignificante número de patriotas le economizaría por lo menos el gasto de fuerza y sangre exigida por toda resistencia.

A las tres de la matrugada del 3 de marzo de 1821 cuando el pequeño escuadrón hallábase dormido, y por supuesto descuidado, a causa de no haber tomado señal ni anuncio de ningún próximo enemigo, los realistas entraron sigilosamente en Concepción y asaltaron por diversos puntos el cuartel en que aquél habíase alojado, y sin brindar el menor espacio para cualquier acción; consumados así de un solo golpe el bien planeado y facílicimo triunfo. Sin embargo los primeros disparos despertó al pueblo y enterados del asalto, se movilizó la guerrilla en defensa de la pequeña y única fuerza dejada en el valle; la confusión y el desorden que se ocasionó en la obscuridad produjo numerosas bajas entre los patriotas alzados del pueblo que se defendió sólo con escopetas y rejones.

5. LAS HEROINAS TOLEDO.

Tres semanas después de la sorpresa de Concepción, ocurrida el 3 de marzo, el 24 del  mismo mes, llega al cuartel general de Asnapuquio, por senderos extraviados, usado sólo por los veloces chasquis, pliegos cerrados enviado por el desesperado Ricafort pidiendo apoyo urgente por encontrarse amenazado simultáneamente del lado de Cerro de Pasco por Aldao y desde Huamanga y Huancavelica por los montoneros de Huanta y Cangallo que buscaban la revancha ansiosos de vengar los crímenes cometidos por ellos.

La reacción del mando realista fue inmediata; al día siguiente 25 de marzo, salían del campamento de Asnapuquio con destino a la sierra central, el coronel Jerónimo Valdés, jefe del estado mayor del ejército español conduciendo un destacamento de 1,200 hombres

El 9 de abril, mientras Valdés partiendo de Huaripampa, avanzaba de norte a sur por la margen derecha en busca de Ricafort, éste lo hacía de sur a norte encontrándose en el pueblo de Mito. Avanzaron resueltamente para ocupar Concepción, cruzando la zona pantanosa de la Huaycha.

Entre tanto los pobladores de le región cruelmente castigados por los españoles cada vez que pasaban por ella, se mantuvieron en constante alerta para huir o defenderse; así desde el momento en que ellos pisaron el valle, se extremó el alerta y la vigilancia; pronto llegaron mensajes que indicaban con precisión la presencia de Valdés y Ricafort. En Concepción se había preparado con toda oportunidad para defenderse agresivamente del enemigo recordando lo sucedido el 3 de marzo con el escuadrón dejado allí; era pues necesario no dejarlos entrar en la ciudad. Las Toledo se dedicaron a reunir personal para organizar la defensa del puente.” (***)

(***)MENDOZA MELENDEZ, Eduardo: “La Independencia”. Ed. Santa Bárbara, Lima, Perú, l999. Pág. 71-72.

martes, 2 de abril de 2013

Edelmira del Pando, promotora de la educación física femenina












Del libro "Mujeres ilustres para la educación del Perú" de Jorge Camacho. Ed. Carpena, 1969

La provincia de Concepción, del histórico Departamento de Junín, fue la cuna de esta admirable mujer peruana, hábil maestra de innata y profunda vocación pedagógica, de férrea voluntad y de clara visión renovadora.


Nació el 22 de mayo (1886*) mes en que los verdes campos de su tierra natal se cubren de flores; ella fue una flor más en los jardines de la Patria.

Fueron sus padres el señor don Juan del Pando y la señora R. Edelmira Mendizábal, quienes cuidaron de la educación de su hija predilecta que, desde muy  niña manifestó una decidida vocación para el magisterio; hasta el punto que, contando apenas con quince años, fundó un colegio en Concepción que funcionó por espacio de un lustro. Antes había obtenido su diploma de maestra de Primer grado y posteriormente el de Segundo grado.

En 1912 se trasladó a la ciudad de Tarma donde fundó y dirigió un nuevo plantel en el que se educaron, durante tres años, las hijas de las mejores familias de esa bella y pintoresca ciudad.

En el año 1915 dejó la ciudad de Tarma y se instaló en la capital de la República. Su vocación pedagógica y su experiencia de maestra plenamente formada las ofrendó nuevamente a su patria, educando a varias generaciones de la juventud femenina limeña durante veintitrés años. Su espíritu abierto a todas las innovaciones pedagógicas acrecentó su prestigio de gran maestra formada en la lectura de libros y revistas especializadas que alentaron las iniciativas de su infatigable labor docente.

En Lima fundó el “Colegio Peruano de los Sagrados Corazones”. Ya este colegio había funcionado en la ciudad de Tarma desde 1898; trasladado a Huancayo en 1910, reapareció en 1915 en la propia capital de la República.

En Tarma su matrícula anual había ascendido a 150 alumnas; en Huancayo a 180; en la Capital, desde sus primeros años de funcionamiento, superó el millar; contribuyendo a la Educación Nacional con la formación de maestras diplomadas para el magisterio de enseñanza primaria que salieron a desempeñar sus puestos en las escuelas oficiales. Sus métodos pedagógicos se fueron perfeccionando cada año, colocándose a la altura de las nuevas conquistas y adelantos de la técnica de la Pedagogía. Se distinguió este plantel por su material de enseñanza, específicamente su colección de mapas de alto relieve, especialmente los referentes a nuestros departamentos y provincias.

Fue este colegio uno de los primeros planteles femeninos de la Capital que propugnaron el método objetivo efectuando excursiones frecuentes a fábricas y lugares históricos.

Su Biblioteca Escolar para uso de profesoras y alumnas; las conferencias y charlas semanales que propugnó siempre; su periódico en el que colaboraban las maestras y se entrenaban las alumnas en las faenas del periodismo; sentaron las firmes bases del gran colegio que subsiste ahora con el ilustre nombre de su fundadora y en la las nuevas maestras, que hoy la dirigen y enrumban,  se inspiran en el mensaje elocuente que dejó la maestra insigne con su vida y con su obra.

Y, algo digno de subrayar al recordar a la gran educadora Edelmira del Pando, es la preferencia que otorga a la vida deportiva para procurar la cultura integral de sus alumnas; haciendo brillar su Colegio en campeonatos escolares en el Estadio Nacional y creando un curso vocacional para la especialización en las artes manuales.

Las alumnas del colegio, que dirigiera esta ilustre educadora, ganaron en 1923 el Primer Campeonato Femenino de Vóley. Y la insigne maestra auguraba: “Día vendrá en que el Estadio Nacional se verá repleto de muchachas en traje de deporte”. En 1938, quince años después, de cumplieron estas hermosas palabras; en el mes de setiembre del referido año tenía lugar la Primera Presentación Gimnástica Escolar Colectiva. Dice una de sus biógrafas: “Sus ojos mortales no pudieron contemplar tan fausto acontecimiento; la insigne maestra se había ausentado para siempre”.

El 17 de mayo de 1938 en la Clínica del Hospital Arzobispo Loayza, rodeada de fieles exalumnas que lo veneraban, se durmió para siempre. Entre esas exalumnas estaban las ahora distinguidas maestras Aurora Tejada Barba y Violeta Merck Gonzalez.

 * Único dato agregado por el autor del blog.