martes, 15 de noviembre de 2011

El protagonista del "Sueño del celta"


Roger Casement

Enemigo de la esclavitud


Roger Casement descubrió en 1910 que al menos treinta mil indígenas de la selva del Putumayo habían muerto mientras trabajaban como esclavos para la empresa Peruvian Amazon Rubber Co. Sus hallazgos fueron incluidos en un informe dirigido a la Corona Británica que escandalizaría al mundo al revelar las atrocidades que se cometían en la selva peruana en pleno siglo XX. La vida de este personaje, considerado un precursor de la defensa de los derechos humanos, es el insumo principal de El sueño del celta, la última ficción del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa.


Por: María Isabel Gonzales (Domingo, La República, 07/11/2010)


El 2 de agosto de 1916, en la prisión de Pentonville, Inglaterra, un día antes de morir en la horca, Roger Casement recibió un telegrama. El remitente era el peruano Julio César Arana, un poderoso barón del caucho de la selva del Putumayo, dueño de la Peruvian Amazon Rubber Co., también conocida como la Casa Arana. En un par de líneas, este le pedía a Casement retractarse de los cargos que hizo en su contra en dos informes redactados para el gobierno británico. Las acusaciones a las que se refería Arana eran por la explotación, tortura y asesinato de los millares de indígenas que trabajaron bajo sus órdenes. El destinatario no contestó la misiva y fue ahorcado al día siguiente. El cargo que mereció semejante condena fue alta traición a la Corona Británica.


Años atrás, qué ironía, Casement había elaborado famosos informes en los que denunciaba el trato inhumano que recibían las poblaciones colonizadas del África. Entonces era un súbdito del Imperio británico y nadie sospechaba que abandonaría el servicio diplomático inglés para apoyar la causa independentista irlandesa.


Casement fue un personaje que ocultó todo: su catolicismo, su homosexualidad y su nacionalismo irlandés, advierte Manuel Cornejo Chaparro, un experto del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP). Pero en tiempos en los que gozó de la credibilidad de la Corona Británica fue considerado el hombre ideal para indagar en la selva del Putumayo sobre algunas denuncias de vejaciones contra indígenas perpetradas por la Casa Arana. La revista británica Truth publicó dichas acusaciones y señaló como responsables a los accionistas ingleses que poseían capitales en dicha compañía. Además, muchos capataces de esta empresa procedían de la británica colonia de Barbados. El escándalo había estallado y Casement fue embarcado hacia el infierno verde.


Fiebre del caucho


Roger Casement era cónsul en Río de Janeiro cuando la Foreign Office de Inglaterra, a sugerencia de la Sociedad Antiesclavista, le pidió que realice un viaje al Putumayo”, cuenta Cornejo Chaparro, del CAAAP. Era el tiempo del boom cauchero. Las gomas amazónicas tenían una alta demanda en Inglaterra y Estados Unidos, y los principales países productores eran Brasil, Perú y Bolivia. En nuestro país, la extracción gomera se desarrolló a partir de la década de 1870 en las riberas de los ríos Putumayo, Marañón, Huallaga, Ucayali y sus afluentes –y algo más tarde en el sur, en las riberas del río Madre de Dios– hasta donde llegaron aventureros, comerciantes y empresarios.


Así entran a escena los llamados barones del caucho, los peruanos Julio César Arana en las riberas del Putumayo, Carlos Fitzcarrald en las del Ucayali, y el español afincado en el Perú Máximo Rodríguez en las riberas del Madre de Dios. Y fue en la región comprendida entre los ríos Caquetá y Putumayo donde se consumaron los abusos contra miles de nativos, en un territorio cercano a los 120,000 km2. La zona, precisamente por ser rica en recursos gomeros, se convirtió en fuente de litigio desde fines del siglo XIX entre los gobiernos de Perú y Colombia. Finalmente, el 6 de julio de 1906 se estableció que ambos Estados esperarían la resolución de un arbitraje hecho por Pío IX. Pero el acuerdo quedó en el papel y esta se convirtió en tierra de nadie. Según los cálculos de Casement, en la zona el número de indígenas amazónicos existentes osciló entre los 30,000 y 70,000, pertenecientes a los grupos huitoto, ocaina, andoke, bora, muinane, monuya y rezígaro.


Mano de obra


Los indígenas eran mano de obra gratuita y sin ellos la explotación del caucho habría sido imposible. En sus diarios, Casement habla de su encuentro con Víctor Israel, un comerciante de caucho que viajó con él desde Iquitos hasta la zona del Putumayo. Esta entrevista le permitió entender cómo veían los empresarios a los nativos. “La única forma de civilizar a esta gente es ocupar, quemar sus casas o matarlos”, le dijo Israel. “¿Y el Estado no los defiende?”, preguntó Casement. “Ellos están de acuerdo”, respondió Israel. Así, Casement observó que los hombres jóvenes eran quienes servían para recoger el caucho, los ancianos eran asesinados y las mujeres eran sirvientas continuamente violadas por los capataces. Y quien no obedecía era castigado con el cepo, flagelado, mutilado o quemado vivo. “A los niños los venden como objetos curiosos y cuando se cansan de ellos los matan o los abandonan en cualquier parte de la selva”, escribió Casement.


Cornejo Chaparro explica que estos pueblos no tenían ninguna protección del Estado, ni siquiera podían ser defendidos cabalmente por la propia Asociación Pro Indígena –conformada por Zulen y Dora Mayer, entre otros intelectuales de la época– que argumentó la marginalidad de estos pueblos. “La situación en el Putumayo, como en otras zonas de remoto acceso y casi nulo control estatal, era muy compleja, el indígena era considerado una mera herramienta de trabajo, contra él había una inusual carga de desprecio y racismo. En los informes de Casement o los del Juez Rómulo Paredes impresiona la excesiva dosis de maldad y menosprecio por la vida”, sostiene el investigador. Otro argumento que esgrimían los capataces para ser tan brutales con los trabajadores era alegar un pretendido temor hacia el indio caníbal. Era una forma de justificar la dominación de los caucheros.


El impacto del informe


La Chorrera era la principal estación de la Casa Arana. Allí, Casement pasó gran parte de sus expediciones por el Putumayo. Entre los culpables de las peores vejaciones a los indios, Casement señala como principal autor intelectual a Julio César Arana, y de la extensa lista de autores materiales coloca en primer lugar a Fidel Velarde, Alfredo Montt, Augusto Jiménez y Armando Normand. En un principio, el gobierno peruano fue presionado por el escándalo internacional y procedió a la captura de los principales implicados. “Pero eso era solo de pantalla, después todo quedó en nada. La muerte de Casement propició que el gobierno peruano reivindicase a Julio César Arana, principal responsable de las atrocidades contra los indígenas del Putumayo”, explica Cornejo Chaparro.


Según la investigadora Pilar García Jordán, de la Universidad de Barcelona, la excusa del gabinete de Augusto B. Leguía para no intervenir era que la explotación de los indígenas se ejercía en todos los territorios en litigio entre el Perú y los países limítrofes. En uno de sus estudios sobre el tema, García Jordán cuenta que al perder la atención de la prensa, el gobierno de Leguía suscribió –en secreto– el Tratado Salomón-Lozano (1922), por el cual Colombia obtuvo del Perú el trapecio amazónico, que incorporaba prácticamente toda la zona del escándalo del Putumayo. Así llega a su final esta historia; en 1927, Julio César Arana fue elegido senador por Loreto, Casement llevaba once años muerto y los indígenas ya habían sido olvidados. Nunca recobraron lo que alguna vez fue suyo.


La vida del celta


Roger Casement (1864-1916) nació en Dublín. Fue criado por un tío al morir sus padres. Funcionario británico entre 1835 y 1913, estuvo primero en el Estado Libre del Congo, donde descubrió la esclavización de millones de aborígenes sometidos por el rey Leopoldo II de Bélgica. Tras su denuncia, la Corona Británica lo condecoró con la Orden de San Miguel y San Jorge en 1905. Sus confesiones sirvieron más tarde para hilar la novela conocida como El corazón de las tinieblas (1902) de Joseph Conrad.


• En 1910 fue enviado a Brasil para desempeñarse como cónsul. Luego fue comisionado al Putumayo, en Perú. Después de su informe sobre la explotación de los aborígenes, el rey Jorge V lo nombró Caballero.


• Casement se retiró del servicio diplomático en 1913, luego viajó a Estados Unidos y se dedicó a la causa independentista irlandesa. Fruto de sus viajes a las colonias, desarrolló una profunda aversión a la Corona Británica. A pesar de sus nuevas tendencias, los irlandeses lo miraban con escepticismo. No obstante, fue él quien trató de contactar al embajador alemán para pedirle su apoyo contra la monarquía inglesa. Estos no accedieron a sus solicitudes y en abril de 1916 fue detenido cuando constataba la entrega de armas a favor de la causa independentista irlandesa, en la bahía de Tralee.


• Al ser capturado por los británicos se desató un escándalo en Europa. Inglaterra utilizó los Black Diaries –textos supuestamente escritos por Casement, en los que relata sus experiencias sexuales con otros hombres– para mancillar su reputación y contrarrestar la fuerte oposición internacional a que Casement muriera en la horca. Era una época en que ser homosexual era considerado un delito.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

César Vallejo y "la lavandera del alma"


Investigadores siguen el rastro de la amada que aparece citada en numerosos poemas del vate santiaguino.



Carlos Fernández y Valentino Gianuzzi (Diario La República, 6/11/2011).



Durante años, lectores y críticos no han dejado de preguntarse por la identidad de “la andina y dulce Rita / de junco y capulí”, la inspiradora de “Idilio muerto”, el conocido soneto de Los heraldos negros. Diferente ha sido, sin embargo, la fortuna de la que César Vallejo inmortalizara como “mi aquella / lavandera del alma”, en el menos difundido, si bien no menos intenso, “Trilce VI”. Muy poco es lo que se ha escrito de Otilia Villanueva Pajares, la novia de Vallejo en Lima, retratada en ese poema y en, al menos, una veintena más de composiciones de la que para muchos es una de las obras mayores de la lírica del siglo XX. Su nombre no se encuentra en el prólogo a Trilce de Antenor Orrego, ni en el valioso trabajo biográfico con el que André Coyné sentó las bases del estudio académico de la etapa peruana del poeta a fines de los años cuarenta.



La “lavandera del alma”, la que podía “azular y planchar todos los caos”, careció de nombre propio hasta el año 1965. Debemos su recuperación, la de todas las informaciones conocidas sobre su noviazgo con Vallejo hasta hoy y un puñado de primeras versiones de Trilce –que revolucionaron la manera de entender la génesis y el significado de la obra– a Juan Espejo Asturrizaga, quien rescató estos datos del olvido en su biografía César Vallejo: itinerario del hombre (1892-1923). No obstante, lo delicado del desenlace de la relación entre César y Otilia, que parece haberse visto obligada a abortar tras la ruptura y ante la negativa de Vallejo al matrimonio, llevó a Espejo a referirse a ella a lo largo de su obra por una de sus iniciales (O.). El nombre íntegro de la musa de Trilce, sin embargo, podía encontrarlo el lector atento en dos poemas de Vallejo publicados como apéndice de la biografía de Espejo: la primera versión de “Trilce XV” y la de “Trilce XLVI”. Por lo que respecta a sus apellidos, el paterno apareció por primera vez mencionado, hasta donde alcanzamos a ver, en un ensayo de Juan Larrea publicado en el tercer volumen de la revista Aula Vallejo (1971). El apellido materno se da a conocer aquí con la esperanza de que sirva para rescatar nuevas informaciones y documentos sobre la musa secreta de Trilce.



Otilia Villanueva Pajares y César Vallejo Mendoza se conocieron en Lima en algún momento todavía no determinado del año 1918, muy probablemente a través de Manuel Rabanal Cortegana, colega de Vallejo en el Colegio Barrós. En septiembre de ese año, tras la muerte del propietario del Barrós, Vallejo y Rabanal toman la administración del colegio, rebautizándolo como Instituto Nacional. Semanas más tarde, el 25 de octubre, Rabanal contrae matrimonio con Rosa Villanueva Pajares, hermana de Otilia. El nombre completo de Rabanal y la fecha de su boda, en la que Vallejo ofició de padrino, son informaciones desconocidas por la crítica, que hasta hoy solo tenía constancia del matrimonio de Rosa, la hermana de Otilia, con M.R. o R., modo en el que se alude a él en César Vallejo: itinerario del hombre. El pliego matrimonial confirma también dos datos que proporcionaba Espejo Asturrizaga: que las hermanas vivían con su madre (Zoila Pajares, viuda de Villanueva) y que la familia era oriunda del norte, de Cajamarca.



Según Espejo, además de Rabanal, medió para que César y Otilia se conociesen otro colega del Barrós, F. B. Tras estas iniciales se halla Flavio A. Becerra Suárez, como lo prueban el pliego matrimonial, donde Becerra figura como testigo, y un artículo de Jesús Angulo Caricchio (“Vallejo…, siempre Vallejo”), en el que se afirma que éste perteneció al plantel del colegio. En ese artículo se reproduce una carta del 3 de octubre de 1918, aparentemente conservada por Becerra, en la que Vallejo solicitaba una acreditación de salud y buena conducta al Subprefecto e Intendente de la Policía de Lima, requisito necesario para que la Dirección General de Instrucción permitiese al poeta convertirse en director del Instituto.



Si las informaciones de las que disponemos sobre el inicio de la relación entre César y Otilia son escasas e imprecisas, todavía lo son más las relativas a su noviazgo, que Espejo describe como “apasionado, vehemente, incontrolable”. No se conoce ninguna carta de Vallejo a Otilia, ninguna fotografía de ambos –ni tan siquiera de ella–, ni ningún otro documento, al margen de los poemas de Vallejo, que nos permita reconstruir su relación. A estos obstáculos hay que añadir la dificultad de desentrañar los elementos biográficos en los poemas de Trilce, circunstancia que se pone de manifiesto en el hecho de que, hasta que Espejo habló de la relación con Otilia, ningún crítico fue capaz de inferirla de los propios textos. Los datos que puso en circulación Espejo y su lectura referencial de los poemas amorosos de Trilce permitieron ver, en buena parte de él, una suerte de cancionero moderno. No obstante, el impacto de la vanguardia sobre la obra dificulta considerablemente la lectura en clave biográfica del ciclo de poemas dedicados a Otilia; más fácil es leer referencias en aquellos poemas de los que se conoce una primera versión, prevanguardista. Lamentablemente no sabemos dónde obtuvo Espejo estas primeras versiones, que, en lo que respecta a las relaciones de Vallejo con Otilia, podrían calificarse como la piedra Rosetta de Trilce. De entre las tres conocidas cabe destacar este soneto en versos alejandrinos, en el que Vallejo parece hacer un balance de su relación con Otilia: “En el rincón aquél donde dormimos juntos / tantas noches, Otilia, ahora me he sentado / a caminar. La cuja de los novios difuntos / fue sacada. Y me digo tal vez qué habrá pasado”.



Espejo Asturrizaga fecha la ruptura con Otilia hacia mayo de 1919. Luego de esta, Vallejo fue despojado de la dirección del colegio por sus colegas Rabanal y Becerra. Pero lo cierto es que su vínculo legal con el colegio parece extenderse hasta abril de 1920, en vísperas de su viaje a Trujillo. Ese mes se publica en la prensa una nota firmada por el poeta que dice lo siguiente: “Pongo en conocimiento del público que, teniendo que ausentarme de esta capital, he traspasado el plantel de enseñanza que con el nombre de Instituto Nacional he dirijido, al señor Manuel Rabanal, quien ha asumido el activo y pasivo de dicho colegio, según contrato especial que hemos firmado en la fecha”.



Las pistas de Otilia se pierden aquí y se ignora si Vallejo volvió a tener algún tipo de contacto con ella. Sin embargo, el recuerdo de esa relación quedó marcado en Trilce y se ha convertido ahora en parte de nuestra literatura.

La historia que Gabo no inventó


En 1981 Gabriel García Márquez publicó la novela Crónica de una muerte anunciada, basada en hechos reales ocurridos en 1951 y en los que murió un gran amigo suyo.


Por Raúl Mendoza (Domingo, La República, 16/10/2011)


En el cementerio de Sucre, un pueblo de la costa atlántica colombiana, hay una tumba de granito con una lápida gris adornada con lazos y flores de plomo y estaño, la Virgen del Carmen y dos ángeles. Sobre ellos se puede leer el nombre del difunto: Cayetano Gentile Chimento, nacido el 2 de marzo de 1927 y fallecido el 22 de enero de 1951, a los veintitrés años. No es un muerto cualquiera. Cayetano es el Santiago Nasar de la novela Crónica de una muerte anunciada, la víctima real de un crimen que Gabriel García Márquez narró y publicó treinta años después con el tono testimonial de quien estuvo ahí.


Se trata de una crónica periodística, una novela policial y una historia de amor contrariado y venganza inexorable. Gabo conoció los hechos reales porque el sacrificado era gran amigo suyo, y los asesinos y demás protagonistas sus conocidos. Lo que pasó fue casi una tragedia griega: un hombre devolvió a su esposa a su familia porque ella no era virgen; la mujer señaló a Gentile como quien le quitó la virginidad; y sus hermanos, amigos del acusado, se vieron obligados a matarlo para limpiar el honor mancillado y no quedar como cobardes ante los ojos del pueblo.


Cuando la novela se publicó en 1981, la prensa fue en busca de la historia real. El semanario bogotano Magazín al Día envió a los periodistas Julio Roca y Camilo Calderón para rastrear los hechos. En el artículo ‘García Márquez lo vio morir’ describen a la víctima: “el joven sucreño Cayetano Gentile, estudiante de tercero de medicina en la Universidad Javeriana de Bogotá y heredero de la mayor fortuna del pueblo, cayó abatido a machetazos, víctima inocente de un confuso lance de honor y sin saber a ciencia cierta por qué moría”.


Un asunto de honor


Contra lo que afirma el título de ese artículo, Gabo no vio morir a su amigo. Según cuenta Dasso Saldívar en el libro El viaje a la semilla, el escritor estaba en Cartagena y la versión que escuchó fue la de su familia. La tragedia, detalles más o menos, se dispara como en la novela: Miguel Reyes Palencia –el Bayardo San Román de la historia–, que vendía mercancías de pueblo en pueblo, se casó con Margarita Chica Salas –Angela Vicario en la novela–, maestra de Sucre y ‘modista en sus ratos libres’ según varios testimonios, pero la devolvió a su familia al comprobar que ‘ya no era señorita’.


“En la noche de bodas ella me esquivaba. La siguiente noche pasó lo mismo. Trató de engañarme diciéndome que habíamos consumado el matrimonio pero que no me acordaba porque estaba borracho. Hasta que le dije ‘O lo hacemos o esta vaina se acaba aquí’. Y cuando lo hicimos me di cuenta de que yo no era el primero”, contó Reyes hace tres años. Una vez devuelta a su familia, Margarita reveló el nombre de Cayetano Gentile, amigo de sus hermanos Joaquín y Víctor. Ahora ellos tenían que matarlo. “Si hubiera sabido lo que pasaría, no la devolvía. Cayetano era buen amigo mío”, ha contado Miguel Reyes.


No ha quedado claro, ni en la realidad ni en la novela, si en verdad Cayetano Gentile fue responsable o no de lo afirmado por Margarita. Unas versiones dicen que ella dijo su nombre para proteger al verdadero primer amante, o porque estaba segura de que sus hermanos no le iban a hacer nada ya que eran amigos, o que lo dijo a propósito para vengarse por el abandono de Cayetano tiempo atrás. Como en la novela, los asesinos hicieron todo lo posible para evitar matarlo, se pasaron el domingo diciendo que era hombre muerto para que alguien los detuviera, pero al final no pudieron eludir su destino.


Marcado para morir


El día en que lo mataron, Cayetano se encontró muy temprano con Luis Enrique y Margot García Márquez –sus vecinos y hermanos de Gabo– para acompañarlos al puerto de Sucre, a despachar una carta. Como a las ocho y treinta de la mañana partió la lancha con la correspondencia y él se despidió para ir a ver a su novia Nydia Naser y de ahí caminar hasta su casa para cambiarse de ropa e ir a su finca El Verdún. A las ocho con cuarenta y cinco minutos estaba muerto. Era lunes.


El escritor Dasso Saldívar cuenta este episodio en El viaje a la semilla: “Al doblar la esquina para desembocar en el parque y ganar el portal de su casa, vio cómo José Joaquín Chica se dirigía a él desde el otro lado del parque profiriendo insultos y blandiendo un cuchillo”. Lo que sigue se parece a la novela con ligeras variantes: Cayetano corrió a su casa, pero su madre Julieta Chimento cerró la puerta pensando que los asesinos querían entrar para matarlo adentro. Entonces él siguió corriendo y se metió a la casa de su vecino Manuel Munive Guerrero, seguido por Víctor Chica, el menor de los hermanos, que lo alcanzó en el fondo de esa vivienda.


Lo que siguió fue terrible: recibió dieciséis puñaladas con un cuchillo de carnicero –los hermanos Chica Salas eran vendedores de carne– y hasta perdió un dedo en el ataque. El joven estudiante de medicina llegó por la puerta posterior a la sala de su casa, agonizante y se derrumbó allí mientras trataba de contenerse los intestinos. Toda la escena fue vista por su madre. Gabo no lo recoge en el libro, pero Cayetano llegó a decirle: “Madre, conformidad, calma, soy inocente”; y a sus hermanos: “Venguen mi muerte”. No pudieron. Los asesinos fueron a la cárcel por varios años y después toda la familia se mudó a Sincelejo, capital de Sucre.


Por un pedido expreso de su madre, Luisa Santiaga Márquez, Gabo no se decidió a escribir y publicar hasta la muerte de Hermelinda Salas, madre de Margarita, la novia rechazada. Era su amiga. Lo que siempre lo conmovió fue no solo el crimen cometido sino la ‘responsabilidad colectiva’ en esa muerte y el hecho de que todos los protagonistas se conocieran. Contra esa práctica anacrónica y absurda de defensa del honor dirigió su novela. Estaba orgulloso de las primeras líneas. “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar...” y fue escrupuloso en las descripciones del pueblo, de las casas y de los actores de esa tragedia.


Con el tiempo Miguel Reyes escribió un libro que se llamó Yo soy Bayardo San Román y le inició un juicio a Gabriel por Crónica de una muerte anunciada y a Eligio García Márquez por La tercera muerte de Santiago Nasar, reclamando un porcentaje de las ganancias por derechos de autor, pero perdió.


Margarita Chica murió el 2003 a los 72 años en Sincelejo, de una afección al corazón. El vínculo con la historia persistió para Gabo a través de una película que se filmó en los 80 y de una obra teatral que ha recorrido el mundo. Sesenta años han pasado desde esa muerte anunciada y treinta desde que fue contada en libro con aliento de realismo mágico.


En Sucre, la casa de Cayetano Gentile, o Santiago Nasar para millones de lectores, se convirtió primero en un hotel y después en una oficina ministerial. Hoy su tumba es punto de visita para todos aquellos que han disfrutado de la pluma del Nobel colombiano. Una crónica periodística señala que le ponen todo tipo de flores menos margaritas, para que nada recuerde a la mujer que le costó la vida.


La novela


Aparición. Crónica de una muerte anunciada fue publicada en 1981, en edición para toda la región hispanohablante, con un tiraje de un millón de ejemplares. Fueron cuatro ediciones con tirajes de 250 mil ejemplares, impresos en España, México, Argentina y Colombia, en edición de lujo y popular.


Crítica. La crítica la consideró en su momento una obra maestra y un libro que realzaba las cualidades del García Márquez escritor y periodista. El libro tiene el tono de ‘realismo mágico’ que Gabo les imprime a todos sus escritos, pero hay una precisión extrema en la descripción, los datos y el correlato temporal. “Sentía tanta urgencia de contarlo que tal vez sea el acontecimiento que definió mi vocación de escritor”, ha dicho el autor.


La película


Una versión cinematográfica de Crónica de una muerte anunciada fue filmada en 1987 por el italiano Francesco Rosi, en lo que significó el primer intento de mostrar la obra de García Márquez en un film de alto presupuesto y estrellas internacionales. Actuaron el inglés Rupert Everett (Bayardo San Román), Ornela Mutti (como Angela Vicario), Gian María Volonté, Irene Papas y Lucía Bosé. No obtuvo buenos comentarios de la crítica, pero se acepta que la obra garciamarquiana es difícil de llevar a la pantalla. En el 2007 se hizo también El amor en los tiempos del cólera, protagonizado por Javier Bardem, con mejor suceso de taquilla pero con pocas críticas positivas.

Los autores de la Biblia

Por: Freddy A. Contreras Oré
(Resumen de "La Biblia y sus secretos" de Juan Arias)



Es muy probable que, antes de su composición escrita definitiva, de todos los textos bíblicos existieran varias tradiciones orales y que esos autores anónimos fueran quienes, con todo ese material en la mano, ejecutaran la redacción final. Ésa es la forma más frecuente de composición en culturas con una fuerte implantación de la tradición oral.


Los autores de los libros bíblicos se preocuparon poco de la originalidad de los escritos y, siguiendo los usos de la época, aplicaban los géneros literarios ya existentes, tradicionales, para expresar lo que pretendían. No eran autores personales en el sentido moderno del término. Eran más redactores o transcriptores que creadores. Lo que de personal hubiera en el texto queda absorbido por la importancia de la tesis que querían probar y transmitir.


Los géneros literarios.


Los autores de la Biblia usaron los géneros literarios que se empleaban en aquel tiempo. Algunos de dichos escritos se utilizaban ya en las ceremonias del Templo, como plegarias o invitaciones a su dios para que escuchara al pueblo. Por eso, probablemente, los autores de los Salmos o de los Proverbios o del Cantar de los Cantares o de los libros proféticos, más que autores literarios, debían de sentirse como medios usados por su dios para narrar las gestas de su pueblo. Fueron escritas no por mero gusto literario, sino para probar una tesis teológica, para explicar el rostro de su dios revelado al pueblo escogido.


La historia de un pueblo no siempre transcurre en terreno llano, tiene pendientes y recovecos escabrosos. La Biblia relata también historias poco edificantes de debilidades humanas y apetitos escandalosos. Y es ese aspecto lo que mejor revela que, aun con esa mezcla de realidad y de ficción, de exageraciones o eufemismos destinados a probar ciertas tesis que se desean poner de relieve, las narraciones de la Biblia nacen de una historia real y no mítica, de personajes que quizá no fueron en la realidad como se describen, pero que responden a una historia real de un pueblo de carne y hueso.


De haber sabido que los autores de la Biblia eran tan amigos del uso de la hipérbole no se hubiese la Iglesia roto tanto la cabeza para intentar explicar las exageraciones de la Biblia buscando hipótesis ridículas o posibles errores de los amanuenses. Los diferentes autores de la Biblia utilizaron magistralmente hipérboles, metáforas, simbolismos, alegorías y juegos de palabras, a pesar de haber vivido en diferentes épocas a lo largo de mil años y a pesar de no haber tenido ningún contacto entre ellos.


La Biblia en verso.


Una de las sorpresas para muchos lectores de la Biblia es que, quizás, el género más abundante es el de la poesía. Incluso libros que aparecen como escritos en prosa son en realidad escritos poéticos.


Los investigadores han descubierto que existe un secreto en la poesía judía y es que, antes de ser una forma literaria exterior, es una “estructura del pensamiento”. El descubrimiento de que algunos de los libros de la Biblia que aparecen escritos en prosa tienen estructura original en verso ha permitido que algunas traducciones modernas presenten esos libros en forma de poesía, aunque eso pueda, de alguna manera, falsear la trascripción original tal y como aparece en los códices antiguos.

La Biblia es, sobre todo, un corpus literario que, aun refiriéndose a la historia concreta de un pueblo, puede leerse en la actualidad, ya que posee todos los ingredientes de las mejores narraciones literarias. Pero, también debemos destacar que, todos los escritos de la Biblia esconden una finalidad que supera la literaria. Estas narraciones pretenden mostrar, de alguna forma, la historia de su dios y la historia de unas gentes que tuvieron con ese dios una relación especial.


Hay en la Biblia un no sé qué de antiguo, de arcano y, al mismo tiempo, de universal, de cercano a las vibraciones existenciales del hombre, que hace su lectura a la vez interesante e intrigante. Alguien ha dicho que es como si el lector advirtiera que detrás de esos escritos hay algo oculto, secreto, escondido deliberadamente, que nosotros deberíamos y podríamos descubrir. Es como si hubiesen sido escritos sin tiempo, a pesar de la paradoja de ser historia concretísima de un pueblo con nombre y apellido.

viernes, 19 de agosto de 2011

Reencuentro con la Alborada Toledana



Por: Freddy A. Contreras Oré


"PALO CUANDO NO BOGAS Y MÁS PALO CUANDO BOGAS"


Tomo para subtítulo de este comentario una expresión de doña Nidia Vidal, abuela de la protagonista de la última novela de Isabel Allende (El cuaderno de Maya, Ed. Sudamericana, mayo de 2011). Ella lo usa para hacerle notar a su nieta que es una costumbre muy latinoamericana juzgar mal a las personas que no hacen nada; pero se juzga peor a quienes hacen algo valioso. Yo no quiero caer en las trampas del juicio por antipatía. En la cincuentenaria Heroínas Toledo estudiaron mi esposa, todas mis hermanas, varias sobrinas y ahora mi hija; prestaron sus servicios mi hermano, otros apreciados parientes y gratas amistades; difícilmente podría hacer ejercicio de un rol negativo contra la institución. Lo que digo aquí va sólo con el deseo de intercambiar algunas ideas y crecer, si aprendemos juntos compartiendo.


APLAUSOS, SALVAS Y VÍTORES


Para la institución educativa en general por la publicación de "Reencuentro con la Alborada Toledana", a las hermanas Dominicas, a las maestras y maestros, a las alumnas y exalumnas que aportaron con sus artículos, a los artistas que diagramaron la revista. La selección de los artículos y el orden de presentación evidencian un exquisito gusto editorial; los temas son variados y reflejan gran riqueza intelectual. Si no fuera sólo un reencuentro con Alborada Toledana, sino un reinicio, estaría encantado de esperar cada cierto tiempo una nueva publicación.


PALMETAZOS


Para el equipo editorial que se dejó engatusar con las travesuras del geniecillo malo de las palabras y no corrigió oportunamente dos errores de principiantes:


1. Una persona, dice el diccionario, es un individuo de la especie humana; por tanto una persona humana es una redundancia. Si sobrentendemos que la intención de la autora ha sido referirse a la búsqueda del bien del género humano, entonces debería decirse persona humanitaria o, de modo más sencillo, utilizar el epíteto: humana persona y el sentido de la expresión es más apropiado. Error que dejaron pasar en el artículo de Lucero Meza.

2. En la página nueve de la revista se dice algo que jamás de los jamases vuestra querida institución pudo haber obtenido: "el 25avo. Puesto de 1060 proyectos..." Aquí se dio fácil acceso al mal hábito en contra de la propiedad idiomática. Si bien así se mal habla en nuestro medio; en el nivel formal, el ordinal es vigésimo quinto.


JALÓN DE CRENCHAS


Para el equipo editorial que introdujo una corrección donde no hacía falta, en el artículo de Fabiola Contreras. Resulta irónico que la hija de quien asume la defensa del gentilicio concepcionino(a) aparece utilizando en su artículo el exótico neologismo "concepcinas". Les invito gentilmente a revisar el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, donde se consigna nuestro gentilicio de la provincia de Concepción, región Junín, Perú. Y porque, además, sobran criterios morfológicos y de acepción derivativa para descartar la aberración que promueve el autor de la revista Montacanasta.


Y otro jalón doble para el profesor Víctor Vargas de la Cruz quien, en su excelente trabajo sobre el cuento folclórico, hace mención, sin menoscabo de la calidad de todo el resto, a unas inexistentes "sociedades triviales", es decir, sociedades vulgares, ordinarias, anodinas; cuando, muy por el contrario, todos los estudios sociológicos sostienen que la naturaleza de las sociedades humanas son su complejidad, su mulplicidad de procesos y símbolos. Otra vez el geniecillo de las palabras le juega una mala pasada a nuestro amigo; con certeza quiso decir sociedades tribales. Pero en este caso, como docentes del área de comunicación, no debemos olvidar que nuestro conjuro contra las maldades del duende travieso es el diccionario y la calma paciencia de revisar nuestros escritos hasta que la buena levadura haga florecer el bollo apto para el horno.


AZOTES CON PENITENCIA


A la profesora Consuelo Oré Velásquez que, quitándole cuerpo a sus antecedentes intelectuales y a su condición de maestra concepcionina, presenta una nota inconsistente y escrita a plumazos apresurados.


En tal consigna datos que la investigación histórica ha demostrado que son falsos y, pese a que la tradición y la incomprensión de muchos sectores aún no lo aceptan, son nuestro deber esclarecerlos.


Sólo por hacer referencia: un historiador de prestigio nacional como Rubén Vargas Ugarte y otro más cercano como Eduardo Mendoza Meléndez, han demostrado sin lugar a dudas que la acción heroica de nuestras Toledo ocurrió en fecha diferente al tres de marzo de 1821. Si bien es un tema que exige mayor difusión; como formadores de nuevas generaciones debemos avanzar abriendo trochas hacia los nuevos saberes y no adormilarnos junto a las seductoras espumas de las fuentes estancadas.

viernes, 10 de junio de 2011

Reflexiones sobre las elecciones presidenciales



Por: Freddy A. Contreras Oré

El resultado de las elecciones presidenciales del 5 de junio, en lugar de dar pie a irritadas lamentaciones o desaforadas celebraciones, debería sernos útil para reflexionar y aprender más acerca de las imbricadas callejuelas de la política peruana, e aquí algunas de mis conclusiones personales:

No hay que ser arrogantes ante el adversario chico, menos todavía si ese adversario ya viene con el antecedente de haber llegado a una segunda vuelta en elecciones anteriores. El error de todos los neoliberales peruanos estuvo en creer que el crecimiento económico, la estabilidad monetaria y el chorreo bastan para que las mayorías nacionales permanezcan contentas, o por lo menos adormecidas ante la gigantesca desigualdad y marginación que el sistema promueve. Por eso, mientras el nacionalismo y las izquierdas consideraban que la única manera de derrotar a la hegemonía ideológica y política de la derecha era construyendo un único y gran frente electoral; las candidaturas de la derecha, soberbias se multiplicaban, se atacaban entre ellas y se mostraban dueñas de los resultados de la contienda: total era su juego, eran sus reglas, eran sus electores y eran sus árbitros. Con Ollanta en la cola de las encuestas, la disputa era entre los capos y nadie más. Pagaron caro su falta de realismo.

La primera y la segunda vuelta electoral no son dos tiempos de la misma competencia, sino dos competencias diferentes. Cuando el triunfo de Ollanta en primera vuelta estuvo cantado, todos los candidatos de la derecha se conformaron en competir entre ellos para llegar segundos, aferrándose a la suposición de ser ganadores en segunda vuelta tal como aparecía en las encuestas. Aquel fue el momento oportuno para mostrar su nivel de pensamiento estratégico y actuar con desprendimiento y visión política; no lo hicieron y permitieron que llegara a segunda vuelta la candidata que generaba mayores dudas y arrastraba mayor falta de credibilidad. Pese a que en las encuestas de la primera vuelta Keiko le ganaba a Ollanta en la segunda; las estrategias tuvieron que replantearse y las movidas oportunas de Ollanta, su nueva red de alianzas, el rol de los colectivos contrarios a Keiko y los propios errores de la candidata permitieron el triunfo del comandante.

En política los gestos de los candidatos son más importantes que los anuncios de los profetas. Si bien Keiko es una identidad distinta a Alberto Fujimori y podemos aceptarle sus disculpas y quejas acerca de que no tiene por qué cargar con la pesada cruz que le heredó su padre, no pudo convencer a la mayoría de peruanos de una real ruptura política con don Alberto: cuenta con la colaboración militante de los otrora colaboradores de su padre, hace campaña cobijándose con la sombra protectora de su padre, lo proclama el mejor Presidente de la historia del Perú, utiliza las mismas tácticas políticas que usó su padre y recurre a los clásicos psicosociales de origen montesinista como aquel de apelar al pensamiento mágico del pueblo a través de supuestas profecías que le favorecen. Perdió su oportunidad y creo que no habrá otra, porque con objetividad Keiko no tiene un espacio político propio y a no ser que la derecha en versión más potable repita los mismos errores de ahora, la hija del dictador no volverá a pasar del 20 % de voto duro del fujimorismo en nuevas elecciones.

La derecha peruana no es consecuente con los principios de la democracia, la honestidad y defensa de las libertades humanas; sólo es consecuente con la defensa de sus intereses económicos. Los políticos de derecha y muchos medios de prensa escrita y audiovisual realizaron una dura campaña de demolición del candidato que no les agradaba y apoyaron a la candidata que les garantizaba la continuidad del modelo y sus gollerías. No les importó la ausencia de un serio plan de gobierno ni la situación ética de muchos oscuros personajes del fujimorismo. La derecha en el Perú es una derecha que no se moderniza. Repite de paporreta como verdades incuestionables los mismos argumentos ideológicos, políticos y económicos que la realidad se ha encargado en demostrar como ineficaces para generar el verdadero desarrollo con equidad e inclusión social. Cuando intenta refutar las ideas del adversario ideológico recurre a las manoseadas acusaciones en contra del estalinismo de hace más de medio siglo; pero que no tienen sentido ahora que los propios Partidos Comunistas del mundo sostienen planteamientos renovados sobre el desarrollo de las sociedades. Ollanta, por otra parte, si bien tiene en su equipo a varios otrora dirigentes de la izquierda marxista, él dista mucho de ser uno de ellos, ni siquiera un tibio socialista. La derecha no acepta, pese a que la realidad se lo advierte, lo que no le conviene; prefiere manipular la verdad porque quiere seguir manteniendo a ultranza sus privilegios.

Las celebraciones que se realizaron en todo el Perú una vez conocido el triunfo de Ollanta dicen mucho de la gran expectativa que su candidatura ha despertado. Yo no creo que ahora nuestro nuevo gobernante vaya a tener la varita mágica que nos lleve de la noche a la mañana a alcanzar el país justo que todos queremos; creo más bien que el compromiso adquirido es enorme y se debe comenzar por superar la polarización, conformar un gabinete de ancha base y, sobre todo, comenzar por demostrar en la práctica que los miedos de los derrotados no tenían asidero real. Estaremos vigilantes.

sábado, 26 de febrero de 2011

La Biblia, historia o mito


Por: Freddy A. Contreras Oré
(Resumen de "La Biblia y sus secretos" de Juan Arias)

Los estudios contemporáneos sobre la Biblia han llegado a la conclusión que el conjunto de escritos que lo conforman no pueden tratarse de libros históricos según los criterios de la historiografía moderna, por la simple razón de que los más de cuarenta autores que escribieron la Biblia no tenían la intención de hacer un trabajo estrictamente histórico, sino, más bien, trataban de difundir un mensaje espiritual. Abiertas las puertas a la crítica, liberada ya la Biblia del peso de la revelación divina que la había circundado hasta hace poco, los expertos fueron capaces de formular diversas hipótesis, y en ocasiones, hasta disparatadas. Para ciertos críticos radicales la Biblia es sólo un libro de bonitos cuentos nacidos de la imaginación del folclore popular de las antiguas tribus nómadas semitas.

Las pruebas arqueológicas

Uno de los problemas que judíos y cristianos hallan en la interpretación de la Biblia como libro histórico es que no se consigue encontrar pruebas arqueológicas que puedan probar los hechos narrados. La mayor parte de lo que se cuenta como histórico en la Biblia no aparece en ninguna otra fuente no religiosa. De ahí que en el siglo XIX se levantase una especie de fiebre arqueológica a la búsqueda de pruebas testimoniales tangibles sobre los hechos narrados en la Biblia. En la Biblia aparecían nombres de ciudades y personajes de los que ni los griegos ni los romanos tenían noticia.

A primeros del año 2003 apareció en todos los periódicos del mundo una noticia sobre el presunto descubrimiento de un bloque de piedra calcárea con inscripciones en fenicio antiguo que detallaban planos de la reparación del primer Templo, el del rey Salomón. El fragmento, al parecer, pertenecía a la época del rey bíblico Joás, que reinó hace 2 800 años. Los medios de comunicación de todo el mundo subrayaron que si dicho bloque de piedra resultase auténtico, como afirman algunos especialistas del Instituto de Investigaciones Geológicas de Israel, “se trataría de la primera prueba física de apoyo de un texto bíblico”, lo que revela la poca consistencia que la opinión de buena parte de los especialistas en la materia atribuye a las pruebas arqueológicas presentadas hasta ahora en defensa de la historicidad de la Biblia.

Werner Keller, autor del libro Y la Biblia tenía razón, veinte años después de su primera edición, llega a opinar: “existen hoy historiadores, teólogos, científicos y arqueólogos que tras un examen concienzudo de la tradición bíblica, llegan a opinar que, en último análisis, la cuestión de si los hechos relatados en la Biblia son ciertos o errados tiene poca importancia”, ya que para ellos, dice, lo importante de la Biblia es que encierra un mensaje religiosos. Y añade el arqueólogo alemán: “Por mucho que sepamos ya de la Biblia en los días de hoy, aún estamos muy lejos de saber todo de ella. Las preguntas aún no han terminado. Al contrario, cada nuevo descubrimiento suscita nuevas preguntas”.

Finkelstein y Asher, autores de La Biblia desenterrada, sostienen sobre el éxodo de Egipto: “La epopeya de la salida de Israel de Egipto no es ni verdad histórica ni ficción literaria (…). Fijar esta imagen bíblica en una fecha concreta es traicionar el significado más profundo del relato”.

La simbólica historia de un pueblo

La Biblia, en realidad, es más que un libro de historia, por muy importante que sea la historia que en ella se narra. Es historia y no sólo mito, porque, de lo contrario, no tendría sentido toda la compleja y simbólica epopeya del pueblo de Israel y de su fe, que constituye una de las religiones más antiguas e importantes del mundo y que acabó dando vida al cristianismo. Si se tratara sólo de un libro de mitos o cuentos, por interesante que fueran, la Biblia no hubiese tenido tal repercusión en estos últimos tres mil años de historia, ni se hubiesen escrito sobre ella montañas de tratados ni hubiese inspirado tanto y a tantos millones de personas.

Lo más importante, hoy, en el estudio sobre la Biblia no es la discusión sobre su carácter histórico o si se trata de una revelación divina. Lo importante es el significado de estos textos para aquel pueblo semita y este aspecto es, precisamente, el objeto de los últimos estudios bíblicos: ¿qué entendían ellos por historia y cómo supieron entrelazar en una maravillosa obra literaria lo real y lo simbólico? ¿Cómo supieron unir la historia de un pueblo que si existió y que luchó durante años junto a su Dios en busca de su identidad, con las utopías y los arquetipos universales del ser humano?

Si algo de original y de importante existe en la historia del pueblo judío y de su religión –que fue la de Jesús de Nazaret- es que se trató de algo fuertemente enraizado con la vida, con la responsabilidad del hombre con la tierra, con el destino de los perseguidos, con la libertad y con la esperanza en el futuro. Todo eso, con relatos históricos o no, está en el corazón de la Biblia como el mensaje ético, religioso y social más fuerte de la historia. El resto está en manos de los expertos en historia y arqueología.

Las cinco Biblias

Millones de personas tienen en su casa un ejemplar de la Biblia, pero desconoce su historia, sus autores, la lengua en que fue redactada. Y, sobre todo, ignoran que no existe una sola Biblia, sino varias: la judía, la hebrea, la católica, la protestante y la ortodoxa.

Es curioso que la palabra “biblia” no aparezca en la Biblia. Es una palabra creada por los primeros cristianos de cultura y lengua griegas. Significa en griego “libros”, en plural, aunque el uso ha convertido a la palabra en singular. Ese nombre es el que los griegos daban a un rollo de papiro que fue la materia prima con la que se elaboraron los pliegos para escribir algunos de los libros de la Biblia, llamados también rollos, porque cada libro se escribía en un solo rollo de papiro. Pero aún antes de redactarse en papiros o pergaminos, buena parte de los textos de la Biblia existía sólo en la tradición oral y es posible que las primeras aproximaciones de algunas de aquellas tradiciones orales fueran escritas en tablas de arcilla sobre las que se escribía con punzón.

Fue san Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla, en el siglo IV d.C., el primero que usó la palabra “biblia” para designar los libros sagrados, considerados por él como “el libro” por excelencia. Entre los cristianos, la Biblia se llama también “Escrituras”, o “Sagradas Escrituras”, o “Palabra de Dios”, entre otras denominaciones, aunque la forma “Biblia” es la más usada.